jueves, diciembre 18, 2008

El resumen

A mi editoras navideñas

Se termina el año y es inevitable hacerlo. El resumen. Hacer balance. Sacar cuentas de lo bueno, lo malo y lo feo. Mirarse al espejo y armar el inventario. Nueva arruga, otra cana, más pancita. O al contrario. Cuerpo más torneado, inusitada lozanía y en general, mejor aspecto. Se trata de asumir los barrancos, celebrar los logros, tratar de olvidar los fracasos. Maldecir o agradecer al año por lo obtenido, como si el año en sí mismo trajera algo consigo. Como si fuera un dios pagano que concede bendiciones o reparte males a su paso. Como si la chiva o la burra negra no fueran producto del trabajo de cada quien. Como si una buena suegra no fuera también una opción. Y pobrecito el año, para que tanta responsabilidad si igual ya se está acabando. Para eso está el que viene. Para eso. Para repartir otras culpas, trazar nuevos proyectos, coquetear con las ilusiones. Y para ser lo mismo que una hoja en blanco: una posibilidad. Pero bueno, es la costumbre. Es inevitable hacerlo cuando termina el año. La suma de todo. El resumen, para lidiar contra el olvido y cerrar ciclos. O para intentarlo, al menos.


Joanna Ruiz Méndez

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