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lunes, marzo 21, 2016

George Sprott 1894-1975



Tal como prometí en el post anterior, aquí traigo una reseña de George Sprott 1894-1975 (Random House Mondadori, 2009), una de las excelentes novelas gráficas que he tenido la oportunidad de leer.  
Esta obra de ficción del historietista canadiense Seth narra la vida de George Sprott, presentador de un popular programa televisivo llamado Hitos Boreales, emitido por la cadena CKCK. Al principio, da la impresión de que la historia se enfocará en las reflexiones de este anciano sobre su vida y el trabajo que lo hizo famoso, pero va mucho más allá.
A George Sprott lo conocemos por sus sueños, por sus propias reflexiones y por sus actos, pero también por la opinión que sobre él tienen otras personas que han pasado por su vida. Compañeros de trabajo, familiares o conocidos que establecieron con él desde relaciones profundas hasta superficiales brindan su testimonio y opinión sobre este personaje. Poco a poco, el lector deja de verlo como un anciano simpático que ha conocido tiempos mejores y comienza a percibirlo como un hombre que ha vivido intensamente y que acumula, como cualquier ser humano, vivencias profundamente extraordinarias, episodios reprochables, nostalgias, culpas y fantasmas.
Esta obra hace evidente que existen muchas versiones de nosotros mismos que, en conjunto, le dan forma a toda nuestra existencia. Para algunos, George Sprott fue un hombre interesante, valioso e importante; otros, en cambio, lo consideran arrogante, cruel, intrascendente.  Cada una de estas aproximaciones a su carácter evidencia que ninguna opinión es definitiva, pero tampoco insignificante. Cada una es un testimonio valioso porque muestra una faceta de un  ser humano que, como todos, está pleno de de matices.



P.D.: Aunque la CKCK del libro es una cadena televisiva de ficción, existe un canal con ese nombre ubicada en Regina, Canadá. También hubo una emisora de radio homónima. Conseguí un post en inglés en el que se habla de la época de gloria de ambas y de cómo se puede ver en George Sprott 1894-1975 una celebración a los personajes excéntricos de los programas locales que en algún momento fueron muy comunes en Canadá. 

lunes, febrero 01, 2016

Maus


Hay algo en las novelas gráficas que me cautiva. No he leído muchas, pero las pocas que han llegado a mis manos me han parecido fascinantes: Shortcomings de Adrian Tomine, la dura Stitches, una infancia muda, de David Small y George Sprott 1894-1975, de Seth – a la cual un día le dedicaré un post-. Es por eso que entre mis pendientes estaba la famosísima Maus (Reservoir Books, 2015), la cual hizo merecedor de un premio Pulitzer a su autor, Art Spiegelman, en 1992.
Maus cautiva desde el principio: el libro abre con una escena en la que el padre del autor le hace ver a su hijo, cuando este aún era niño, que aquellos a los que llama "amigos" no han estado con él en un cuarto sin comida durante una semana. Solo en esa situación, dice el progenitor, sabría qué son los amigos. Una forma cruda de decir que la amistad solo se considera verdadera si logra mantenerse en los momentos difíciles. Y Vladek, el padre, sabe de momentos difíciles: es un judío superviviente de la Segunda Guerra Mundial.
La obra se divide en dos partes: Mi padre sangra historia y Y aquí comenzaron mis problemas. La narración no es lineal; comienza con un adulto Art Spiegelman entrevistando a su padre, cuando este es un anciano, sobre su vida en Polonia y su experiencia durante la guerra. Cuando éste último narra su historia, la obra viaja al pasado para seguir las vivencias de un joven Vladek y Anja -su esposa y madre del autor- desde que se conocieron en Polonia unos años antes de la Segunda Guerra Mundial hasta que comienzan a sufrir la persecución y, posteriormente, todos los horrores del conflicto bélico.
La obra a ratos vuelve a Spiegelman y a la complicada relación que tiene con su padre, a quien le da un trato honesto durante el libro: aunque evidencia las terribles experiencias por las que ha atravesado su progenitor, también recalca sus principales y más irritantes defectos.
Y es que Vladek, el principal protagonista de esta historia, no es un santo sino un superviviente, con todos los traumas y demonios que este hecho conlleva. Su hijo lo presenta como un hombre lleno de contradicciones y de matices que lo convierten en un personaje cercano, real.
En Maus, todos los personajes están caracterizados por animales – por ejemplo, los judíos son ratones y los nazis, gatos- y a pesar de eso -o quizás debido a eso- es imposible no sentirse profundamente conmovido por sus trágicas vivencias. No hay necesidad de ver personas para entender el profundo drama humano que nos están contando: las pérdidas y carencias que sufren Vladek y Anja, así como el infinito amor que se profesan, remueven el alma.
Maus no es gratuitamente famosa. Es un clásico que impacta, conmueve y deja huella. Se las recomiendo absolutamente.  

Joanna Ruiz Méndez

domingo, junio 16, 2013

Stitches, una infancia muda


Con Shortcomings de Adrian Tomine conocí la novela gráfica y, aunque estaba algo familiarizada con el término, no había tenido oportunidad de leer alguna obra que encajara en este concepto. Shortcomings, plena de humor, ironía y situaciones extravagantes, me gustó bastante y me hizo interesar en este tipo de novelas cuya fuerza, a diferencia de aquellas que acostumbro a leer, no radica precisamente en el texto. Gracias a ese interés compré y leí Stitches, una infancia muda, de David Small.
Al ver la portada, pensé que la trama giraba en torno a un preadolescente-rebelde-sin-causa que le hace la vida miserable a su familia. Nada más lejos de la realidad. Stitches nos cuenta sobre la infancia y la adolescencia del autor, las cuales estuvieron marcadas por la crueldad de su madre y la indiferencia de su padre. Su abuela materna, un personaje fugaz pero inolvidable, es un elemento fundamental de esa pesadilla que es su vida.
Hay mucho poder y mucha poesía en estos dibujos. No soy experta, pero algo mágico hay en estas ilustraciones que no solo retratan la desesperación, la soledad y la desesperanza del protagonista, sino que hacen que uno las sienta también. Las viñetas son eficaces en describir la vida de David, pero también su mundo interno -ese que lo ayuda a sobrellevar su mutismo-. Stitches tiene más de 300 páginas, pero se puede leer en una hora. Y, aunque parezca poco tiempo, al llegar a la última página uno siente que ha hecho un viaje muy largo, en el que ha acumulado imágenes que perdurarán para siempre. Small nos cuenta una historia indeciblemente triste y lo que hace con tanta destreza que, apenas se termina de leer, uno ya sabe que no podrá olvidarla.

P.D.: Pueden conocer más sobre el trabajo de David Small en su página davidsmallbooks.com (en inglés)

Joanna Ruiz Méndez