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miércoles, noviembre 25, 2020

Diana o la cazadora solitaria

 

A Jean Seberg la conocí por “Al final de la escapada”, una fantástica película de Jean-Luc Godard que me prestó un amigo en la universidad. Creo que, como todos los que la han visto, quedé impresionada con esa escena final en la que, en un primer plano, se luce su cara perfecta trastocada por la tragedia y la culpa.


A Carlos Fuentes lo conocí gracias a La cabeza de la hidra, una historia ambientada en plena Guerra Fría que me dejó a mis 16 años, una visión más profunda y madura de la política, una frase aplastante -“La muerte de todos empieza a los veinte años”- y una admiración profunda por este autor y su obra.
 

Ambos se conocieron en México, en una fiesta de Año Nuevo y la atracción fue mutua e inmediata. Así lo cuenta Carlos Fuentes en “Diana o la cazadora solitaria” (Alfaguara Hispánica), un libro con el que estaba en deuda desde años y con el que me encontré durante la cuarentena de una manera fortuita. En esta historia, Fuentes se muestra a sí mismo un poco arrogante, vulnerable, herido y nos presenta a una Diana Soren/Jean Seberg plena de contradicciones, volátil, mujer fatal que en la intimidad revelaba todos sus secretos y emulaba a más de una diosa. 


La historia del auge de este amor, así como de su caída, además de estar narrada de una manera tan precisa y cotidiana que duele, termina por convertirse en un relato nostálgico porque da la sensación de que Fuentes quiere revivir y asirse, a través de este libro, a esa felicidad intensa y fugaz que vivió al lado de la actriz. Y, además de exaltar la pasión compartida, la obra es también un homenaje a esta mujer perseguida que pagó caro sus ideales y convicciones.


“Diana o la cazadora solitaria” es un testimonio honesto, sin artificios, de un hombre enamorado. Aunque Fuentes lo escriba en pasado, uno sabe que dentro de él Diana/Jean nunca dejó de estar presente. Mientras lo leía, no podía dejar de pensar en esa frase preciosa de una canción de Mecano: “Hay llamas que ni con el mar”.


Joanna Ruiz Méndez

martes, julio 18, 2017

Cuentos Completos I


 

Hace mucho tiempo, siendo adolescente, leí El Universo de Isaac Asimov. Comencé a leerlo sin mucha expectativa y quizás sin saber muy bien quién era el autor. La obra narra las aproximaciones científicas que ha tenido la humanidad sobre el cosmos a lo largo de la historia y describe cómo cada una de estas concepciones ha contribuido a generar conocimiento sobre este tema. Recuerdo que en aquella época sólo me cautivaba todo lo que fuera artístico y huía de los rigores de la ciencia; sin embargo, el texto capturó mi atención y hasta logré comprender algunos cálculos que Asimov presentaba para explicar ciertas teorías. Que hubiera tenido ese efecto en mí, que repelía todo lo que oliera a números o cualquier cosa que me llevara al terreno de las matemáticas o la física, solo significaba algo: ese libro era formidable.
Pasó mucho tiempo antes de que volviera a adentrarme en la obra de Asimov y lo hice este año cuando comencé a leer Cuentos Completos I (Ediciones B, 2016), una compilación de sus cuentos de ciencia ficción. El futuro de tintes distópicos que presenta el autor en estos relatos es fascinante, así como lo es su visión de la humanidad y de la tecnología.
En casi todas las historias hay seres humanos retados por las circunstancias, presos de emociones universales y protagonistas de vivencias insólitas. Los avances tecnológicos, aunque cambian la forma de aproximarse al mundo, no pueden aliviar temores ni dudas que son ancestrales. Muchas veces las respuestas que buscan no las pueden encontrar ni siquiera en Multivac, una supercomputadora que compila todo el conocimiento de la humanidad y que es un personaje recurrente y destacado en muchos relatos.
Isaac Asimov era un gran narrador, por lo que todos los cuentos son de gran calidad. Sin embargo, hubo algunos que me parecieron particularmente buenos como La última pregunta -que invita a una reflexión sobre el concepto de divinidad-, El niño feo -un relato absolutamente conmovedor sobre el poder del amor materno- y Profesión -una historia que celebra la valentía del hombre que se atreve a elegir su propio camino y no el que se le ha impuesto-.
Quedé absolutamente fascinada con estos cuentos que invitan a reflexionar, a celebrar y a descubrir la naturaleza humana. No puedo esperar a leer los Cuentos Completos II para seguir maravillándome con el magnífico universo que creó Isaac Asimov.

Joanna Ruiz Méndez

martes, julio 11, 2017

Chicas muertas




Durante la Feria del Libro de Bogotá, mi hermana y yo asistimos a Ni una más, ni una menos: literatura y violencia de género, una charla entre Andrea Salgado y la escritora argentina Selva Almada. Durante la misma, la segunda habló de su libro Chicas muertas (Literatura Random House, 2015) y del proceso que le permitió conocer a fondo las historias de tres mujeres asesinadas en circunstancias nunca del todo esclarecidas. Almada fue tan elocuente al hablar de su obra que, al terminar la charla, mi hermana salió directamente a comprar el libro y regalármelo.
Agradezco el regalo. El libro de Almada es un relato sencillo pero poderoso que nos enfrenta a un miedo universal -y diría ancestral- que nos une a todas las de mi género: que un hombre nos pueda hacer daño porque sí, porque puede, porque somos mujeres.
Chicas muertas nos presenta a María Luisa Quevedo, Sarita Mundín y Andrea Danne, tres mujeres asesinadas en la década de los 80 en Argentina, es circunstancias disímiles. A las jóvenes no solo las conocemos como víctimas, sino también como hijas, hermanas y parejas. Podemos oír sus voces a través de los relatos de sus seres queridos y de personas que, por una u otra razón, estuvieron relacionadas con los casos. También las conocemos mejor gracias a la Señora, una tarotista a la que la autora consultó para poder conectarse con las protagonistas de esta historia. El recurso, que podría haber sido un elemento banal, realmente le agrega atractivo a la obra. 
En este libro no hay respuestas definitivas. Almada no intenta conocer la verdad detrás de cada crimen, tan solo nos deja pistas, comentarios sueltos, hipótesis. La única certeza -y coincidencia- que parece existir en estas tres historias es que estas chicas fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres. Y como ellas, también otras: la autora menciona varios casos de violencia de género a lo largo de la obra. Al dolor y la tristeza que se siente al leer cada uno, también se suma el temor que produce saber que ninguna mujer está exenta de sufrir alguna situación violenta a lo largo de su vida.  
Chicas muertas engancha el alma de cualquier lectora. Todas las mujeres hemos experimentado, en mayor o menor medida, situaciones de acoso. Todas hemos tenido que apurar el paso en las calles oscuras o al pasar frente a un bar lleno de hombres, hemos rezado cuando el taxista toma una ruta diferente a la planeada, hemos derramado lágrimas por un toque inapropiado o por un piropo soez. Además, el libro también nos enfrenta a otra realidad terrible: no siempre el mal está fuera de casa. ¿Cuántas mujeres no tienen al verdugo en su hogar en forma de padre, padrastro o esposo?
Sin embargo, no es una obra exclusiva para mujeres. Cualquier hombre puede sensibilizarse con estas historias y deleitarse con la narrativa de Almada. Sin pretensiones y sin artificios, la autora logra escudriñar el alma de sus entrevistados, describirlos con sus matices y contradicciones y presentar un libro fresco y profundamente honesto. 

P.D.: Si han leído este blog, sabrán que nunca comparto fotos mías, pero esta vale la pena: aquí estoy con Selva Almada después de que me firmara mi ejemplar de Chicas muertas durante la Filbo 2017. 



Joanna Ruiz Méndez

lunes, julio 03, 2017

Desafío de lectura 2017, ¿cómo vamos?


El año se ha ido volando, ¿cierto? Al menos así lo he sentido yo. Los viajes de trabajo, cambiar de trabajo, las horas dedicadas a la tesis (y a la maestría, en general), mantenerme en forma (o al menos intentarlo), entre otras actividades, me hicieron sentir que los primeros seis meses de 2017 se fueron en un abrir y cerrar de ojos. Y aunque eso me ha mantenido alejada de la escritura -y específicamente de este blog- puedo afirmar orgullosa que he conseguido tiempo para mantenerme al día con la lectura. He leído muchísimo más que lo que había leído para esta misma época en 2016, lo cual es una buena noticia: leer me recarga, me renueva y me conecta con otros universos, algo fundamental para sobrellevar la no siempre fácil vida cotidiana.

No me he olvidado de mi Desafío de lectura 2017 y espero que ustedes tampoco lo hayan hecho. Aquí les cuento como voy:

- Un libro recomendado por tu mejor amigo. Adriana, mi queridísima amiga de la infancia, me recomendó La rebelión de Atlas, de Ayn Rand. Lo buscaré, lo leeré y les contaré qué me pareció.
- Un libro de ciencia ficción. Me leí el primer tomo de los Cuentos Completos de Isaac Asimov publicado por Ediciones B. El universo creado por este autor es absolutamente fascinante. No les contaré más porque este libro merece un post completo.
- Por ser Islandia un país en el que cultivan la lectura con tanta pasión, me parece más que justo incluir en este reto un libro escrito por algún autor islandés. 
- Un libro de poemas.  
- Un libro que te haya conmovido en tu infancia o adolescencia. 
- Una novela erótica.
- Un libro sobre algún escritor o escritora que haya ganado el Premio Nobel de Literatura.Infancia de J.M. Coetzee. Después de haber leído la magnífica Verano, la cual ahonda en su vida adulta, quise conocer un poco más sobre la niñez del autor. Como siempre, Coetzee no decepciona: el libro es crudo, sincero y profundamente humano. Solo me falta leer Juventud, la otra obra que compone su trilogía autobiográfica. Infancia también merece un post, así que pronto lo publicaré.
- Un libro que te hayan regalado. Durante la Feria del Libro de Bogotá realizada este año, la escritora argentina Selva Almada estuvo conversando sobre su obra Chicas muertas. Después de escucharla hablar con tanta pasión sobre las historias que componen este libro, mi hermana decidió comprarlo y regalármelo. Su lenguaje sencillo encierra un mensaje poderoso: el machismo hace que este mundo sea muy peligroso para las mujeres. Y sí, también merece un post aparte, porque la verdad me encantó.
- Una novela española de posguerra. 
- Pídele a un desconocido en la calle que te recomiende un libro.  Luego cómpralo o búscalo en una biblioteca y léelo. 
- Un libro que aborde alguna temática relevante para tu país en la actualidad. Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt me parece absolutamente pertinente en este momento. Si tienen alguna otra recomendación, me gustaría leerla.
- Una novela policíaca. 

Aún me falta mucho, pero estoy segura que podré culminarlo de aquí a que termine el año. Me encantaría escuchar sus recomendaciones en todas las categorías pendientes y que me contaran, ¿cómo van ustedes con el Desafío? 
Joanna Ruiz Méndez

lunes, noviembre 14, 2016

Volver a la poesía


Shawn Reza / Pexels.com

 Hace algún tiempo, vivía obsesionada con la poesía. Incluso, tuve mi propio cuaderno de poemas y tomé un Taller de Poesía cuando era estudiante universitaria. De alguna manera, y por las tantísimas vueltas que da la vida, se me olvidó lo mucho que me apasionaba este género.
En estos días, revisando mi biblioteca, vi La Universidad Desconocida de Roberto Bolaño y me di cuenta que no solo está entre mis pendientes sino que también puede ser una maravillosa forma de reconectarme con mi antigua pasión de leer poesía. Y quien sabe, quizás también de escribirla.
Mientras vuelvo a los linderos de la poesía de la mano de Bolaño, les dejo una lista de mis diez poemas favoritos, esos que de una u otra manera siempre me han acompañado a lo largo de mi vida. Quizás también los anime a reconectarse o afianzar los lazos con ese universo poético que todos llevamos dentro de nosotros.

1) Poema de amor número 20, de Pablo Neruda.
2)  Los dados eternos, de César Vallejo.
3) Corazón coraza, de Mario Benedetti.
4) Keeping things whole, de Mark Strand.
5) Sonatina, de Rubén Darío.
6)  Ningún amor cabe en un cuerpo solamente, de Eugenio Montejo.
7) Rima LIII, de Gustavo Adolfo Bécquer.
8) If,  de Rudyard Kipling.
9) Se eu morrer novo, de Fernando Pessoa.
10) La trenza, de Tadeusz Rozewicz.

Joanna Ruiz Méndez

lunes, noviembre 07, 2016

Things Fall Apart, de Chinua Achebe





"At the most one could say that his chi or personal god was good. But the Ibo people have a proverb that when a man says yes his chi says yes also".*

Todos los libros suponen una travesía no solo en el espacio sino en el tiempo. Con Things Fall Apart  (Anchor Books, 1994), de Chinua Achebe, me trasladé al día a día de una aldea nigeriana entre finales del siglo XIX y principios de XX. Sumergirme en esta historia fue adentrarme en un territorio desconocido y, aunque al principio pensé que sería difícil seguirle el hilo, pronto fue fácil reconocer en sus personajes características y emociones universales e inherentes al ser humano en cualquier lugar del mundo.
En la primera parte de Things Fall Apart (en español, Todo se desmorona) le seguimos los pasos  a Okonkwo, un hombre fuerte perteneciente a la tribu Ibo y residente de un pueblo ficticio llamado Umuofia. A través de diversos capítulos, el lector conoce varias facetas del protagonista: es un personaje prominente en la sociedad, un luchador temido por todos y un machista que trata con rudeza a sus tres esposas y que, sin embargo, siente debilidad por una de sus hijas: Enzinma.
Aunque Okonkwo es profundamente respetado en su comunidad, no está exento de cumplir ciertos deberes para seguir siendo considerado un ciudadano ejemplar. Sin embargo, él no cuestiona ninguna decisión colectiva, por difícil que sea de seguir. Ha luchado mucho para obtener la posición que tiene en su comunidad. Sabe lo que debe hacerse y no es un hombre que caiga en sentimentalismos. Tiene un sistema de creencias inalterable, el mismo de su tribu. Y es a través de él y su familia que conocemos la sabiduría de los Ibo, sus acciones crueles y sus momentos de generosidad, su manera de impartir justicia, de celebrar la vida y de afrontar la muerte.
De repente, Okonkwo cae en desgracia y con él su familia. Desterrado a la tierra de su madre, debe reconocer que la gloria que conocía ya no le pertenece y, probablemente, no volverá a pertenecerle. El mundo de Okonkwo y sus pares se empieza a desvanecer con la llegada del cristianismo y la imposición de una nueva forma de ver la vida. Desde el exilio, solo puede ser testigo lejano de la debacle; cuando vuelve a Umuofia, se involucra para detenerla, pero ya es demasiado tarde. En esta segunda parte del libro hay reflexiones luminosas y profundas sobre el dolor, la fe y la ruptura de las tradiciones.
Things Fall Apart es un libro profundamente humano, que nos entrega un universo de creencias, vivencias y costumbres absolutamente diferentes al que conocemos y que, sin embargo, lo hace sentir cercano e inteligible. Es de las mejores obras que he leído, una que se hace inolvidable y que, independientemente que la hayamos culminado, nos sigue acompañando por mucho tiempo.

Joanna Ruiz Méndez


* "A lo sumo uno podría decir que su chi o dios personal era bueno. Pero los Ibo tienen un proverbio que dice que cuando un hombre dice sí, su chi también dice sí".



Fuentes de referencia:

Egbunike, E. (26 de marzo de 2013). Chinua Achebe: Have Things Really Fallen in Place?. Feathers Project. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2finehU



Popeski, C. (22 de junio de 2014). Lower Nigeria in Chinua Achebe’s Things Fall Apart. Booma. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2fxAUX2
SparkNotes. Things Fall Apart, Key Notes. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2egy238