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lunes, noviembre 14, 2016

Volver a la poesía


Shawn Reza / Pexels.com

 Hace algún tiempo, vivía obsesionada con la poesía. Incluso, tuve mi propio cuaderno de poemas y tomé un Taller de Poesía cuando era estudiante universitaria. De alguna manera, y por las tantísimas vueltas que da la vida, se me olvidó lo mucho que me apasionaba este género.
En estos días, revisando mi biblioteca, vi La Universidad Desconocida de Roberto Bolaño y me di cuenta que no solo está entre mis pendientes sino que también puede ser una maravillosa forma de reconectarme con mi antigua pasión de leer poesía. Y quien sabe, quizás también de escribirla.
Mientras vuelvo a los linderos de la poesía de la mano de Bolaño, les dejo una lista de mis diez poemas favoritos, esos que de una u otra manera siempre me han acompañado a lo largo de mi vida. Quizás también los anime a reconectarse o afianzar los lazos con ese universo poético que todos llevamos dentro de nosotros.

1) Poema de amor número 20, de Pablo Neruda.
2)  Los dados eternos, de César Vallejo.
3) Corazón coraza, de Mario Benedetti.
4) Keeping things whole, de Mark Strand.
5) Sonatina, de Rubén Darío.
6)  Ningún amor cabe en un cuerpo solamente, de Eugenio Montejo.
7) Rima LIII, de Gustavo Adolfo Bécquer.
8) If,  de Rudyard Kipling.
9) Se eu morrer novo, de Fernando Pessoa.
10) La trenza, de Tadeusz Rozewicz.

Joanna Ruiz Méndez

lunes, mayo 30, 2016

Guía para ser adulto y no morir en el intento

CC0 Public Domain - www.pixabay.com
Antes de que comiencen a leer este artículo quiero advertirles: no soy una experta sobre la adultez. Al contrario, creo que no sé prácticamente nada sobre el tema. En este artículo solo conseguirá los consejos de una persona que ha sacado algunas conclusiones generales sobre el hecho de ser adulto con base en la propia experiencia. Dicho esto, ya puede seguir leyendo tranquilamente y, por supuesto, bajo su propia responsabilidad.
Creo que a muchas personas –incluyéndome- nos tomó por sorpresa eso de ser adultos. Uno cuando es niño jura que “cuando sea grande” sabrá exactamente qué va a hacer con su vida. Y la sorpresa es mayúscula cuando uno finalmente sale de la universidad, llega a los veintitantos y se da cuenta que no tiene ni idea de lo que quiere ni hacia dónde va.
Admiro a los que se ven tan seguros de su camino, que dan pasos firmes hacia lo que quieren –o al menos, así lo aparentan en Facebook-, a los que parecen haber entrado sin inconvenientes al mundo de los adultos. Si usted, al igual que yo, todavía se siente un poco confundido y desubicado con respecto a esto de la adultez, esta guía es para usted. Espero que le guste, lo ayude y sobre todo, le brinde algo de claridad para que asuma su vida con un poquito más de gracia y dignidad:

La culpa ya no es de sus padres: A muchos les cuesta bastante tiempo aceptarlo –a veces, nunca lo hacen- pero para ser adulto hay que tener algo claro: hace rato la culpa de lo que pasa en su vida dejó de ser de sus padres. Basta de echarle la culpa a sus progenitores por lo que usted es –o no es- como pareja, profesional, padre, etc. Hace rato que tuvo que haber empezado a tomar decisiones con respecto a su existencia y si, como dicen en Colombia, le siguen faltando “los cinco centavos pa’l peso” en cualquier aspecto de su vida, la responsabilidad es enteramente suya.

Asuma sus responsabilidades (y culpas): Está relacionado con el punto anterior, pero este consejo va dirigido a los que aún buscan en un compañero, colega, socio, etc. el chivo expiatorio para todo lo que le sale mal. Un verdadero adulto sabe cuando decir: sí, la cagué. Y también sabe cuando asumir compromisos y responder por aquello que le corresponde hacer y decir. Si usted va por la vida evadiendo sus responsabilidades, usted no es un adulto: es un niño temeroso escondido en un cuerpo con canas, arrugas y zonas flácidas. Y eso no solo es perturbador si uno se lo imagina literalmente, sino también bastante patético.

Pague sus deudas: Uno de joven no tiene mucha idea de cómo administrar el dinero pero, en muchos casos, nuestros padres nos mantienen y no nos parece tan grave declararnos en bancarrota permanente. Sin embargo, cuando uno es adulto no puede darse esos lujos porque siempre, siempre, SIEMPRE, hay cuentas por pagar. Y no, no es un drama, es una realidad. Asúmala. ¿Debe pagar, seguro, arriendo, cuota del crédito del carro? Hágalo antes de ir a gastárselo en un viaje todo incluido, en un restaurante de moda, un concierto o cualquier otra cosa que lo deje alcanzado y luego le impida cumplir con sus obligaciones. Si le sobra algo, ahorre un poquito y ahí sí gástese el resto en algo que quiera, que tampoco se trata de privarse permanentemente de los placeres de la vida.

Sea compasivo: Cuando éramos más jóvenes, nos quedábamos muchas veces en lo superficial y juzgábamos a nuestros compañeros por la ropa que usaban, los guapos –o poco agraciados- que eran, el mucho o poco dinero que tenían.  Por desgracia, muchos adultos llevan este comportamiento del bachillerato a sus entornos familiares, laborales y sociales, convirtiéndolos en pequeñas junglas en las que los más débiles no siempre salen airosos. No sea igual a ellos: las experiencias que ha vivido –sus rabias, tristezas y alegrías- le han tenido que enseñar algo sobre la vida y a ponerse en los zapatos del otro. Elija ser amable y compasivo siempre que pueda. Es lo que haría un verdadero adulto.

Madure: Suena obvio ¿no? Sin embargo, para mucha gente adulta, eso de madurar es opcional, no obligatorio. No se trata de volverse una persona amargada ni excesivamente seria: se trata de asumir de manera equilibrada y coherente cada situación que ocurre. Deje los dramas sin sentido para los adolescentes y para las novelitas/series que ellos ven, en las que los bachilleres son interpretados por actores y actrices treintañeros. Y no, usted no es uno de ellos.

Quiérase: Les pasa a muchos adultos –sobre todo a las mujeres-: les parece una tragedia ir acumulando rollitos, arrugas, canas. Y bueno, no voy a mentirles aquí y decirles que es lo máximo, pero tampoco es tan grave. A todos nos pasa, aunque a algunos les va mejor que a otros –sí, es contigo Sophia Loren-. Sin embargo, no tiene sentido desgastarse por un proceso que es natural. Cuídese, haga ejercicio y coma saludable si esto lo hace sentir mejor, pero un verdadero adulto sabe que la sabiduría y gracia que traen los años pueden ser tan atractivos como un cuerpazo escultural. No, no es un consuelo: lo digo absolutamente en serio.

Abrace a su niño interior: Una cosa es el niño temeroso que no asume sus responsabilidades por miedo al castigo; otro, el que mira con curiosidad todo lo que lo rodea. Sea como el segundo. Me he dado cuenta que la mejor forma de amargarse y envejecer rápidamente es perder la pasión por el conocimiento, por el mundo, por la vida. Si usted es de esos adultos que ya no hacen las cosas de forma diferente porque le ha funcionado todo hasta ahora y le teme a los cambios, no significa que sea exitoso: sencillamente usted se apoltronó en su zona de confort. Para que esto no le suceda, varíe algunos detalles de su vida cotidiana: tome cada día una ruta diferente para ir al trabajo, atrévase a probar un café distinto, empiece a ver una serie de televisión que alguien le recomiende y que usted, por iniciativa propia, no vería. El niño que usted era amaba conocer y probar cosas distintas. Déjelo a él, por un ratico, tomar las riendas de su vida. No se arrepentirá.

Ríase: Como dije más arriba: ser adulto no se trata de volverse una persona amargada ni excesivamente seria. No crea que porque ahora paga cuentas, toma decisiones importantes y tiene un trabajo en el que debe vestirse formalmente, se tiene que tomar todo demasiado en serio. La vida es una sola, así que trate de pasar por ella con alegría. Reírse de sí mismo -de su existencia, de sus propios errores y defectos, de los malos ratos- es síntoma de que usted es un adulto saludable y, probablemente, también feliz. 


Joanna Ruiz Méndez


domingo, junio 19, 2011

Pequeña lista de placeres

- Un cafecito en la mañana
- Y otro en la tarde
- Mi cama y sus delirios
- Perderme en una obra de arte
- Comer chocolate
- Tropezarme con una sonrisa en la calle
- Mirarme al espejo y pintarme los labios
- Rociarme mi perfume favorito
- Embarrarme en una caminata al aire libre
- Hacer cosas que me den miedo…
- …y que se me quite el miedo
- Que el vagón del Metro tenga aire acondicionado
- Conocer gente transparente
- Inventar diálogos imposibles
- Viajar
- Nadar como la Sirenita
- Un paisaje lleno de luz
- Largas caminatas rodeadas de naturaleza
- Comerme el corazón de las guayabas
- Las cotufas en el cine
- Soñar que estoy volando
- Vibrar con una canción
- Volver a leer mis cuentos infantiles…
- … y emocionarme con ellos, otra vez
- Perder la voz cantando en un karaoke
- Apropiarme de una mirada luminosa
- Escribir mis penas en el aire…
- … y esperar a que se las lleve el viento
- Leer, siempre leer
- Inundar mi vida con versos
- Que me alumbre un cocuyo
- Reconocer la magia aunque se disfrace…
- …de rutina

Joanna Ruiz Méndez

lunes, febrero 14, 2011

Despechos



El día de hoy es bastante curioso. Mientras unos están disfrutando las mieles del amor, otros andan rumiando amargamente sus despechos. Y es que los asuntos del corazón deparan buenos y malos ratos. Ese es el motivo por el cual el Día de los Enamorados es una fecha híbrida: hay gente muy feliz que celebra y otra que está muy triste y se despecha, todo al mismo tiempo.
Aunque cada persona tenga un cuento de corazón partío, la verdad es que el despecho no es el mismo para todo el mundo. Hay varios tipos de despechos y al menos todas las personas han experimentado uno de ellos alguna vez. Aquí resumo los más frecuentes:

Despecho público: De ese se entera hasta la señora que hace la manicure, si es una mujer, o el mecánico del taller de confianza, en el caso de los hombres. Los despechados que necesitan publicar su mal de amores por lo general siempre tienen cara de que les duele el estómago, hablan como si estuvieran quejándose y esperan el momento glorioso en que alguien les pregunte: ¿te pasa algo? Ahí sueltan toda su historia, generalmente desde sus inicios, conversaciones triviales incluidas, detalles insignificantes y momentos solo trascendentes para ellos, hasta que llegan al final lagrimoso que es el que los tiene profundamente despechados. Son de las personas que colocan en Facebook, MSN, Gtalk o Twitter cosas como: “Extrañándote mucho, fuiste lo mejor en mi vida, espero que vuelvas” “cuando el amor se acaba :(" o fragmentos de canciones del tipo “no hay nada más difícil que vivir sin ti”. El que se despecha en público tiene varias misiones en su vida: recuperar el objeto de su despecho, que todo el mundo se entere que está despechad@ y despechar/entristecer/amargar al resto de la humanidad.

Despecho cronometrado: Este despecho tiene fecha de vencimiento. La persona despechada en cuestión se hunde en el alcohol, se destruye en cuanta discoteca/bar/taguara de mala muerte se consigue, escucha las canciones mas cortavenas del mundo para cantarlas a voz en cuello y llorar lastimeramente, pero lo hace todo por un periodo limitado. Le pone no más de tres meses a ese despecho y después del tiempo establecido recupera su dignidad, olvidándose por completo del objeto de su despecho y del despecho en general. Generalmente este tipo de personas son las que aplican que un clavo saca a otro y así es como logran salir del despecho relativamente rápido y con su orgullo (casi) intacto.

Despecho never ending: Lo sufren las personas que se quedan despechadas de por vida -o al menos, por un muy buen tiempo- por la misma persona. Son de las que, mientras los demás rumbean, disfrutan, se empatan, se desempatan, se enserian, se ennovian, se casan, tienen hijos, trabajan durísimo, se jubilan y cobran su pensión, siguen pensando en el fulano o fulana que allá por 1920 les rompió el corazón. La vida de estas personas se estanca en ese momento en que los dejaron/botaron/rebotaron y nunca vuelve avanzar o lo hace de una forma lentísima. En Venezuela son conocidos popularmente como malpegados y se reconocen porque mencionan casi siempre de forma desubicada al objeto de su despecho en cualquier conversación que estén sosteniendo, así ésta sea de física cuántica, la crisis económica mundial o el calentamiento global. Por lo que dice lo reconoceréis.

Despecho periódico: Quienes lo sufren son generalmente personas inestables que cada cierto tiempo se despechan por un amor diferente. Cuando todo el mundo apuesta a que esa persona no le dio chance ni de enamorarse de alguien, resulta que no solo se enamoró: también rompió, peleó y se despechó por ese alguien. Son de la gente que tiene innumerables cuentos de innumerables pretendientes/pendientes/prospectos que al final son imposibles de recordar por los oyentes de sus historias, especialmente porque todos coinciden en sus finales infelices. Estas personas por lo general siempre viven falsamente enamoradas e ilusionadas pero terminan sufriendo, créanlo o no, de despechos reales.

Despecho farandulero: Esto lo sufren un poco más las mujeres, aunque los hombres no están exentos. Hay gente que se enamora horrores de la gente famosa, de los protagonistas de las novelas, de los galanes de las películas. Por ende, se despecha horrores también cuando se da cuenta que su pareja no es ese ser perfecto sino que es más bien una persona normal Muy del común. Bastante promedio, quizás. Y si es que tiene pareja, claro.
Lo mejor es pisar tierra. Mujeres: no se depriman si nunca gritan en la proa de un barco “I’m flying” mientras por detrás las abraza un Leonardo DiCaprio enamoradísimo. Hombres: no se depriman si nunca logran tener al clon de Megan Fox entre sus brazos. Entiendan que esos prototipos de mujeres y hombres perfectos son excepciones, ficción y en muchos casos, Photoshop. Disfruten de su amor de la vida real y no les de por comparar a su pareja con Brad Pitt o Angelina Jolie, por ejemplo. Ninguna persona común sale bien parada en esas comparaciones, ni siquiera usted.

Despecho multitasking: Hay personas que les sacan provecho a sus despechos. En vez de llorar, lamentarse o maldecir al mundo, se inscriben en el gimnasio, empiezan un postgrado, hacen yoga, aprenden tres idiomas, se cambian el look y emprenden un largo etcétera de proyectos ambiciosos. Las consecuencias de esto no se hacen esperar: al cabo de un tiempo lucen cuerpos esculturales, se gradúan con honores, encuentran la paz, conquistan en tres idiomas, imponen la moda y hasta se vuelven ejemplos a seguir dentro de su sociedad. Al final, se terminan convenciendo de que están mejor sin el objeto de sus despechos. Mejor aún: ante tantos triunfos, a muchos se les termina olvidando que en algún momento estuvieron despechados.

Despecho irónico: Si alguien a su alrededor vive diciendo que al amor apesta, entérese: ese alguien está despechado. El despecho es más profundo mientras más burlas y chistes irónicos se hacen a costa del amor, los enamorados y las cosas románticas. Generalmente esta persona le quiere arruinar la vida a otras personas pero de una forma tan sutil y chistosa que la gente ni se entera. A diferencia del Grinch que se quería robar la Navidad, esta persona se quiere robar el Día de los Enamorados porque generalmente son sus días más miserables. Detrás de esa risita de sabelotodo y postura cínica, hay una persona profundamente adolorida que incluso es más tóxica que aquella que vive su despecho en público. Así que cuídese de ella, porque la mala energía y el despecho que le arruinaron la vida a esa persona puede contagiarlo a usted.

Espero, de verdad, que hoy nadie se tenga que identificar con estos despechos. Pero si usted está despechado, no entre en depresión: recuerde que hoy también es el Día de la Amistad. Y la amistad y los amigos siempre dan motivos para sonreír y celebrar ¿no?

Joanna Ruiz Méndez

miércoles, mayo 05, 2010

Cotidiano

- Esta risa. Tu risa.
- El latido imperceptible del corazón
- Las ganas de huir
- El miedo
- Un gesto de ternura en la calle
- Una sonrisa que se le escapa a todos
- Una tristeza, dos, miles
- Unas ganas colectivas de conocer el mañana
- El recuerdo de una vida pasada
- El recuerdo de una vida, de esta vida
- Una alegría, dos, miles
- Tus ojos infinitos
- Pensamientos de vida y de muerte
- Imaginar lo imposible
- La nostalgia en los rastros de un perfume
- El concreto
- Las maldiciones sutiles
- Cubrir con un suspiro esta distancia de kilómetros
- Evocar un momento de gloria
- Navegar sin rumbo
- Lo que uno quiere
- Y lo que uno más quiere
- Este universo de pareceres
- La palabra dicha…
- … en el medio de la nada.

Joanna Ruiz Méndez

sábado, marzo 28, 2009

Los retos de escribir

- La hoja en blanco
- El comienzo
- El desarrollo
- El final
- La tentación del panfleto
- Luchar contra la cursilería
- Ceder a la comodidad del lugar común
- Sortear los trucos de la nostalgia
- La neutralidad como postura
- Atrapar al lector hasta el final
- El abandono de las musas
- Adoptar un estilo
- Pelear contra las fallas de ese estilo
- No copiar el estilo de otros
- O hacerlo pero no de forma evidente
- Aportar algo de originalidad
- O creerse demasiado original
- Olvidar/Recordar que se ha escrito sobre todo
- Pelear con las palabras
- Y hacer las paces con ellas
- No caer destrozado ante la propia crítica
- Y menos ante la ajena
- La trampa de la predestinación
- Esquivar la arrogancia
- La reiteración sin propósito
- El cansancio
- El aburrimiento
- Y la emoción repentina
- Apagar el modo Querido Diario
- Evitar los excesos
- O aferrarse a ellos
- Pensar en el best-seller
- Emular a los escritores malditos
- La constancia como principio
- Las ideas sueltas en la cabeza
- No tener ideas y tratar de tenerlas
- Querer escribir y no poder hacerlo
- La necesidad de contar una historia
- Y no saber exactamente cómo
- Ni cual

Joanna Ruiz Méndez

martes, diciembre 02, 2008

Lo que hay en mi maleta

- Historias probables con finales imposibles
- Unos cuantos pendientes
- Una nostalgia de abuela con tintes veinteañeros
- Un álter ego
- Y otro
- Un lugar frío y lejano
- Un país tropical
- Varias cartas
- Un CD
- Un diario personal completo
- Un diario personal a medio hacer
- Un aburrimiento mortal por todo lo que no me importa
- Un cansancio perenne
- Un optimismo inmortal
- Muchos reclamos
- Varias disculpas
- Unas fieles ojeras
- Buenas ideas
- Malas ideas
- Ideas regulares
- Una cobija verde
- Un secreto a voces
- Un frasco de Nutella
- Café en cantidades groseras
- Peluches abandonados
- Un amigo imaginario
- Un cuaderno rosado de poemas
- Una alegría moderada
- Un día demasiado triste
- Las Pascualinas
- Un juego que yo inventé
- Una idea de política
- Una postura de ballet
- Cuatros obras de teatro
- Un amigo fiel
- Y otro
- Y otro
- Un mutismo acomodaticio
- Una energía sin precedentes
- Un cofre de risas
- Varios sueños cumplidos
- Unos cuantos sueños por cumplir
- Un deseo
- Este blog

Joanna Ruiz Méndez

lunes, octubre 13, 2008

Y tú, ¿qué criticas?

Desde que la sociedad asumió que por regla general todo crítico es valiente o irreverente, todo el mundo quiere criticar. Es un vicio que se consume de forma pública o privada, con gusto o con culpa, por inercia o con plena y fanática conciencia. Y como todo vicio, no conoce de clases sociales, razas o religiones: criticar está al alcance de todos.
Pero si bien criticar es un denominador común, no todo el mundo hace las mismas críticas. Hay unas que destruyen, otras que fastidian y las hay totalmente inocuas. Esta es una lista de los tipos de críticas más comunes y sus principales características, para reconocerlas y sobre todo, reconocerse en ellas. Si no le gusta la lista bien puede criticarla: de críticas está hecho este post.

Crítica lugar común: Todos los críticos caerán aunque sea una vez en esta categoría, porque es la crítica que todo el mundo hace. Buenos ejemplos de estas críticas son las que se le hacen a Ratzinger, Bush o Chávez, por poner unos ejemplos. Los objetos de esta crítica tienen que ser situaciones o personas que sean continuamente criticadas, así que no hay que devanarse los sesos inventando algo muy rebuscado para criticar. Eso sí, quien caiga en la crítica lugar común, que se olvide del título de original. Esa crítica la hacen todos, así que es una suerte de crítica popular. Y lo popular es muy normal en estos días, incluso más que criticar.

Crítica estética: Esto es criticar a alguien por su fisonomía o por su estilo y es una crítica bastante común, pero no lugar común porque los criticados no siempre son los mismos y las críticas no siempre son iguales. La crítica estética varía, porque los cánones de lo que es bello o no cambian con la clase social, la cultura y el tiempo. Así que hay esperanza para los que reciben la crítica, porque esa barriga prominente o las prendas que conforman ese armario vergonzoso pueden ser alabados en otro círculo social, en otro lugar o con menos suerte, dentro de muchos, muchos años.

Crítica E!: Esto es criticar a los artistas, generalmente de Hollywood, como si fueran conocidos o amigos íntimos. “¿Por qué Lindsay hizo esa estupidez?” “¡Que fea está Posh Spice!” y “Otra vez Britney”, son los comentarios que más suenan en las bocas de quienes critican a las estrellas hollywoodenses. Este es un buen ejemplo de críticas inocuas porque, por más que las critiquen, esas estrellas seguirán ganando los mismos millones, teniendo las mismas mansiones y con un poco más de suerte, manteniendo la misma fama. Claro, esto no aplica si se es un crítico respetado y reconocido, pero aquí no estamos hablando de expertos, sólo de aficionados.

Crítica entre panas: Esa crítica duele, pero se hace. Es cuando se critica a un amigo, por las razones que sea y a veces sin querer. La crítica al amigo viene acompañada de un ligero remordimiento de conciencia, si fue una crítica pequeña y de una resaca moral, si la crítica destruyó al amigo en cuestión. Si se quiere conservar la amistad siempre es bueno evitar la segunda categoría. Y si quiere mantener una amistad sólida, es bueno que la crítica a sus panas sea una excepción, no una regla.

Crítica culta: Es cuando alguien dice o escribe una burrada imperdonable. Ahí saltan varias personas “solidarias” a hacer una crítica supuestamente constructiva: no se dice hubieron se dice hubo, García Márquez no es un dramaturgo venezolano, Japón no queda en África. Y a veces se acompaña de una sonrisita solidaria que en realidad delata el pensamiento: que carajo(a) tan burro(a) vale. Esta crítica hace sentir superior a quien la hace y humillado-arrastrado-miserable a quien la recibe. Pero ni modo, siempre hay alguien dispuesto a someter a otro al escarnio público. Y con una sonrisita y que solidaria, además.

Crítica rebuscada: Esto es criticar por criticar. Aunque no haya motivos. Como cuando se critica a alguien por ser “demasiado bueno”. Las mujeres son muy dadas a la crítica rebuscada sobre todo cuando ven a otra mujer más bonita que ellas. Cuando ven a una mujer perfecta –por naturaleza, cirugía o photoshop- siempre añadirán algo como: “si te fijas bien bien, tiene algo de celulitis…”.

Crítica Shakesperiana: Aquí se crítica a alguien por ser o no ser. Y esto incluye de todo: desde preferencia sexual hasta postura política. Digamos que ser demasiado convencional, poco convencional o medianamente convencional genera sospechas. La triste realidad es que, siendo o no siendo, todos sin excepción nos convertiremos en blancos de crítica en algún momento. He ahí el dilema.

Crítica post mortem:
Es raro pero hay gente pavosa a la que le encanta criticar a los muertos. Casi nunca pasa en los velorios, porque ese es el único momento en que todo el mundo se da el lujo de que lo consideren no bueno, sino buenísimo. Generalmente la crítica se da después, cuando ya todo pasó y la vida retoma su inevitable curso interrumpido por la muerte. Se empieza bajito, como para que el muerto no escuche, no vaya a ser que el espíritu todavía siga por allí. Y empieza: no es por nada, pero fulanito era tremendo. Y sigue por ahí. Los mas espirituales, para calmar la conciencia o por miedo a recibir un intempestivo halón de pies por la noche, siempre terminan religiosamente la crítica con un “hablo del cuerpo y no del alma”. Por si acaso.

Crítica histórica: Esta es derivada de la crítica post mortem, pero tiene tanta personalidad que merece un apartado. Hay gente, sobre todo la que se cree muy culta o intelectual, que critica a los personajes históricos. Que si ese Bolívar era un cobarde. Que ese Che que hace mirando al horizonte con cara de iluminado, como si nadie supiera que era un sanguinario. Que si Hitler fue el segundo anticristo. Y Napoleón el primero. Que si Marx jodió a todo el mundo y para siempre. En fin. La crítica histórica toca a todos lo que hayan hecho historia -aunque suene redundante-, incluso a los genios como Newton, a los que la mayoría de los estudiantes de bachillerato aborrecen, maldicen y ocasionalmente critican por su evidente falta de vida social. Aquí no importa si se habla del cuerpo o del alma: la mayoría murieron hace demasiado tiempo como para temerles aunque sea un poquito.

La metacrítica: La gente que critica a los que critican o a las críticas en general. Al parecer hacen lo mismo, pero con diferentes intenciones, aunque no se sabe si con iguales consecuencias. Los críticos de la crítica aún no han aprendido a luchar contra esta contradicción y generalmente se estrellan contra un irrefutable y aplastante “y si tú haces lo mismo ¿por qué criticas?”
Joanna

miércoles, septiembre 10, 2008

Cosas comunes

- Una picada de zancudo
- Una cola en Caracas
- Una mentada de madre
- Clavar un examen
- Que alguien se llame Pedro Pérez
- Que alguien diga “un Pedro Pérez cualquiera”
- Un cuento que empiece con érase una vez
- Las cucarachas
- Enamorarse
- Desenamorarse
- Imaginar que uno es millonario
- Desafinar
- Fumar
- No fumar
- No fumar y que todos tus amigos fumen
- Y al revés
- Tener un “algo” favorito
- La gripe
- Un placer culposo
- Las muletillas
- Desear
- Chismosear
- No ganar el Kino
- Dejar cosas para mañana
- Mirar estrellas
- Buscarle forma a las nubes
- Imaginar que uno es famoso
- Dormir
- Soñar

Joanna