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lunes, noviembre 13, 2017

Cinco amores que no olvido

Autor: Usbkabel Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International

Hay parejas literarias que me han marcado para toda la vida. Y no, no hablo de Romeo y Julieta, aunque algunas también están marcadas por la tristeza y la desesperanza. La mayoría no tienen un final feliz, aunque hay algo intenso, prohibido y épico en su forma de abordar el amor que las hace memorables.

Antes de presentar la lista de mis amores literarios favoritos, debo advertirles: hay varios spoilers de las obras a los que pertenecen. Sin embargo, la mayoría son clásicos que, si ustedes no han leído, les recomiendo que lean.

1. Tony Buddenbrook y Morten Schwarzkopf (Los Buddenbrook, Thomas Mann). Tony pertenece a una rica familia de comerciantes alemanes; Morten es un humilde estudiante de medicina. Durante unas vacaciones se conocen, comienzan a tomar largos paseos, a contarse secretos y, como el amor no entiende de clases, a enamorarse. En los momentos en que ella se encuentra con personas de su círculo social, Morten va a sentarse en unas rocas cerca del mar para evitar la incomodidad de estar con gente con la que no simpatiza y con la que no tiene nada en común. Eventualmente, "sentarse en las rocas" se convierte en un sinónimo de estar solo y aburrirse, una expresión que solamente ellos dos entienden, una especie de chiste interno que simboliza su amor pero también todo lo que los separa. Las obligaciones familiares y un desagradable pretendiente de Tony frustran cualquier posibilidad de unión entre ellos y esas vacaciones terminan de forma amarga para ambos. Nunca más se vuelven a ver.
Más adelante, cuando ya Tony es abuela y está llena de arrepentimientos y desesperanza, su hermano le escucha esta expresión que no entiende y que ella no logra explicarle. Pero el lector que la conoce, que ha aprendido a quererla, sabe que en el fondo de su alma todavía arde el amor de su juventud. Y no es difícil imaginar, aunque no se indique en la obra, que seguramente un Morten entrado en años tampoco ha podido olvidarla.

2. El protagonista de Los pasos perdidos (Alejo Carpentier) y Rosario: Este es uno de mis libros favoritos y cuando lo terminé de leer me quedé con un dolor en el alma por varios días. La historia del viaje iniciático del protagonista y sus vivencias en la ficticia Santa Mónica de los Venados -que muchos autores han identificado como Santa Elena de Uairén- me atraparon completamente, así como su relación con Rosario, una mujer simple que contrasta con las féminas independientes, cultas y un poco frías que él está acostumbrado a tratar.
Rosario no tiene poses, no tiene aspiraciones intelectuales, no tiene necesidad de sentirse superior. En ella todo es instintivo, un poco salvaje, pasional. Ella, cuando habla con el protagonista, se refiere a sí misma como "tu mujer". Ese tipo de entrega incondicional, completa, es una que él jamás había conocido y que logra llenar el inmenso vacío que le había producido una existencia, hasta ese momento, plana e infeliz.
Por eso duele tanto cuando la pierde y, con ella, la posibilidad de habitar en un territorio que ya le había mostrado su magia y que se niega a brindarle una segunda oportunidad. Y duele más saber -aunque tampoco nos lo digan en el libro- que jamás volverá a vivir un amor igual.

3. Laura Díaz y Jorge Maura (Los años con Laura Díaz, Carlos Fuentes). Este no es uno de mis libros favoritos de Carlos Fuentes. De hecho, hubo momentos en los que pensé abandonarlo pero no lo hice porque, por flojo que me pareciera a veces, había pasajes luminosos. El amor de Laura -una mexicana cuya vida impetuosa e intensa permite contar la historia de su país- y Jorge Maura -un español republicano residenciado en México- me pareció uno de ellos. La pasión que sienten el uno por el otro, su forma de hacer el amor, su necesidad de exorcizar el pasado y sanar sus heridas son conmovedoras.
Una pasión así de intensa normalmente no dura para toda la vida. La de Laura y Jorge no es la excepción. Sin embargo, hay detalles en el libro que nos recuerdan que los mejores amores no son eternos pero sí inolvidables gracias a ciertos detalles sutiles: una palabra, un apretón de manos, una mirada brillante. Para mí, esta relación se resume en el color plateado que adquirían los ojos de ella "en el orgasmo de ojos abiertos que le exigía Jorge Maura". Es en esa descripción, simple y potente, que se resume la grandeza de ese amor.

4. Adelaida Salcedo e Hilario Guanipa (La trepadora, Rómulo Gallegos). Hay hombres de los que no me enamoraría en la vida real, pero que en la literatura me resultan absolutamente seductores. Uno de ellos es Hilario Guanipa, el mujeriego, recio y atractivo hijo ilegítimo del rico terrateniente venezolano Jaime del Casal.
Hay mujeres a las que no me gustaría parecerme pero que resultan absolutamente necesarias en la literatura porque son capaces de sacrificar absolutamente todo por amor. Una de ellas es Adelaida Guanipa, prima de los hijos legítimos de Jaime y amiga de la infancia de Hilario, quien la deleitaba con las historias divertidas de Tío Tigre y Tío Conejo.
Adelaida e Hilario no se vuelven a encontrar hasta que ambos son adultos. Él queda prendado de la belleza de "tío Conejo" y ella se siente atraída -y turbada- por ese hombre fuerte que no puede disimular su pasión. Leer como este par se va enamorando es una absoluta delicia. Aunque la de Adelaida e Hilario está lejos de ser una relación ideal -algo que se evidencia aún más en su matrimonio-, Gallegos logró capturar con precisión las angustias, la emoción, las dudas y ese ingenuo heroísmo que traen consigo el amor recién descubierto.

5. Elizabeth Bennet y Mr. Fitzwilliam Darcy (Orgullo y prejuicio, Jane Austen). A diferencia de lo que me sucede con Hilario Guanipa, no me importaría tropezarme con un Mr. Darcy en la vida real porque creo que terminaría tan enamorada como Elizabeth Bennet. Estoy segura que ese hombre en apariencia frío y distante, pero que en el fondo es romántico y generoso, ha conquistado a más de una lectora.
Elizabeth, quien vive rodeada por hermanas y una madre obsesionadas con la idea del matrimonio, es un espíritu libre al que la idea de conseguir esposo no le quita el sueño. Inteligente, alegre y en ocasiones mordaz, logra conquistar a Mr. Darcy prácticamente sin buscarlo. Lo que más me gusta de esta pareja es que ambos tienen personalidades fuertes, son bondadosos por naturaleza y cuidan a sus seres queridos. Además, es maravilloso ver como entre ellos va creciendo poco a poco la tensión porque no logran encontrar la manera correcta de expresar sus sentimientos. Cuando finalmente lo hacen -después de varios líos familiares, rechazos y malentendidos- sabemos que esta pareja sí ha conseguido -y se merece- su final feliz.

Joanna Ruiz Méndez

lunes, febrero 14, 2011

Despechos



El día de hoy es bastante curioso. Mientras unos están disfrutando las mieles del amor, otros andan rumiando amargamente sus despechos. Y es que los asuntos del corazón deparan buenos y malos ratos. Ese es el motivo por el cual el Día de los Enamorados es una fecha híbrida: hay gente muy feliz que celebra y otra que está muy triste y se despecha, todo al mismo tiempo.
Aunque cada persona tenga un cuento de corazón partío, la verdad es que el despecho no es el mismo para todo el mundo. Hay varios tipos de despechos y al menos todas las personas han experimentado uno de ellos alguna vez. Aquí resumo los más frecuentes:

Despecho público: De ese se entera hasta la señora que hace la manicure, si es una mujer, o el mecánico del taller de confianza, en el caso de los hombres. Los despechados que necesitan publicar su mal de amores por lo general siempre tienen cara de que les duele el estómago, hablan como si estuvieran quejándose y esperan el momento glorioso en que alguien les pregunte: ¿te pasa algo? Ahí sueltan toda su historia, generalmente desde sus inicios, conversaciones triviales incluidas, detalles insignificantes y momentos solo trascendentes para ellos, hasta que llegan al final lagrimoso que es el que los tiene profundamente despechados. Son de las personas que colocan en Facebook, MSN, Gtalk o Twitter cosas como: “Extrañándote mucho, fuiste lo mejor en mi vida, espero que vuelvas” “cuando el amor se acaba :(" o fragmentos de canciones del tipo “no hay nada más difícil que vivir sin ti”. El que se despecha en público tiene varias misiones en su vida: recuperar el objeto de su despecho, que todo el mundo se entere que está despechad@ y despechar/entristecer/amargar al resto de la humanidad.

Despecho cronometrado: Este despecho tiene fecha de vencimiento. La persona despechada en cuestión se hunde en el alcohol, se destruye en cuanta discoteca/bar/taguara de mala muerte se consigue, escucha las canciones mas cortavenas del mundo para cantarlas a voz en cuello y llorar lastimeramente, pero lo hace todo por un periodo limitado. Le pone no más de tres meses a ese despecho y después del tiempo establecido recupera su dignidad, olvidándose por completo del objeto de su despecho y del despecho en general. Generalmente este tipo de personas son las que aplican que un clavo saca a otro y así es como logran salir del despecho relativamente rápido y con su orgullo (casi) intacto.

Despecho never ending: Lo sufren las personas que se quedan despechadas de por vida -o al menos, por un muy buen tiempo- por la misma persona. Son de las que, mientras los demás rumbean, disfrutan, se empatan, se desempatan, se enserian, se ennovian, se casan, tienen hijos, trabajan durísimo, se jubilan y cobran su pensión, siguen pensando en el fulano o fulana que allá por 1920 les rompió el corazón. La vida de estas personas se estanca en ese momento en que los dejaron/botaron/rebotaron y nunca vuelve avanzar o lo hace de una forma lentísima. En Venezuela son conocidos popularmente como malpegados y se reconocen porque mencionan casi siempre de forma desubicada al objeto de su despecho en cualquier conversación que estén sosteniendo, así ésta sea de física cuántica, la crisis económica mundial o el calentamiento global. Por lo que dice lo reconoceréis.

Despecho periódico: Quienes lo sufren son generalmente personas inestables que cada cierto tiempo se despechan por un amor diferente. Cuando todo el mundo apuesta a que esa persona no le dio chance ni de enamorarse de alguien, resulta que no solo se enamoró: también rompió, peleó y se despechó por ese alguien. Son de la gente que tiene innumerables cuentos de innumerables pretendientes/pendientes/prospectos que al final son imposibles de recordar por los oyentes de sus historias, especialmente porque todos coinciden en sus finales infelices. Estas personas por lo general siempre viven falsamente enamoradas e ilusionadas pero terminan sufriendo, créanlo o no, de despechos reales.

Despecho farandulero: Esto lo sufren un poco más las mujeres, aunque los hombres no están exentos. Hay gente que se enamora horrores de la gente famosa, de los protagonistas de las novelas, de los galanes de las películas. Por ende, se despecha horrores también cuando se da cuenta que su pareja no es ese ser perfecto sino que es más bien una persona normal Muy del común. Bastante promedio, quizás. Y si es que tiene pareja, claro.
Lo mejor es pisar tierra. Mujeres: no se depriman si nunca gritan en la proa de un barco “I’m flying” mientras por detrás las abraza un Leonardo DiCaprio enamoradísimo. Hombres: no se depriman si nunca logran tener al clon de Megan Fox entre sus brazos. Entiendan que esos prototipos de mujeres y hombres perfectos son excepciones, ficción y en muchos casos, Photoshop. Disfruten de su amor de la vida real y no les de por comparar a su pareja con Brad Pitt o Angelina Jolie, por ejemplo. Ninguna persona común sale bien parada en esas comparaciones, ni siquiera usted.

Despecho multitasking: Hay personas que les sacan provecho a sus despechos. En vez de llorar, lamentarse o maldecir al mundo, se inscriben en el gimnasio, empiezan un postgrado, hacen yoga, aprenden tres idiomas, se cambian el look y emprenden un largo etcétera de proyectos ambiciosos. Las consecuencias de esto no se hacen esperar: al cabo de un tiempo lucen cuerpos esculturales, se gradúan con honores, encuentran la paz, conquistan en tres idiomas, imponen la moda y hasta se vuelven ejemplos a seguir dentro de su sociedad. Al final, se terminan convenciendo de que están mejor sin el objeto de sus despechos. Mejor aún: ante tantos triunfos, a muchos se les termina olvidando que en algún momento estuvieron despechados.

Despecho irónico: Si alguien a su alrededor vive diciendo que al amor apesta, entérese: ese alguien está despechado. El despecho es más profundo mientras más burlas y chistes irónicos se hacen a costa del amor, los enamorados y las cosas románticas. Generalmente esta persona le quiere arruinar la vida a otras personas pero de una forma tan sutil y chistosa que la gente ni se entera. A diferencia del Grinch que se quería robar la Navidad, esta persona se quiere robar el Día de los Enamorados porque generalmente son sus días más miserables. Detrás de esa risita de sabelotodo y postura cínica, hay una persona profundamente adolorida que incluso es más tóxica que aquella que vive su despecho en público. Así que cuídese de ella, porque la mala energía y el despecho que le arruinaron la vida a esa persona puede contagiarlo a usted.

Espero, de verdad, que hoy nadie se tenga que identificar con estos despechos. Pero si usted está despechado, no entre en depresión: recuerde que hoy también es el Día de la Amistad. Y la amistad y los amigos siempre dan motivos para sonreír y celebrar ¿no?

Joanna Ruiz Méndez