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lunes, febrero 14, 2011

Despechos



El día de hoy es bastante curioso. Mientras unos están disfrutando las mieles del amor, otros andan rumiando amargamente sus despechos. Y es que los asuntos del corazón deparan buenos y malos ratos. Ese es el motivo por el cual el Día de los Enamorados es una fecha híbrida: hay gente muy feliz que celebra y otra que está muy triste y se despecha, todo al mismo tiempo.
Aunque cada persona tenga un cuento de corazón partío, la verdad es que el despecho no es el mismo para todo el mundo. Hay varios tipos de despechos y al menos todas las personas han experimentado uno de ellos alguna vez. Aquí resumo los más frecuentes:

Despecho público: De ese se entera hasta la señora que hace la manicure, si es una mujer, o el mecánico del taller de confianza, en el caso de los hombres. Los despechados que necesitan publicar su mal de amores por lo general siempre tienen cara de que les duele el estómago, hablan como si estuvieran quejándose y esperan el momento glorioso en que alguien les pregunte: ¿te pasa algo? Ahí sueltan toda su historia, generalmente desde sus inicios, conversaciones triviales incluidas, detalles insignificantes y momentos solo trascendentes para ellos, hasta que llegan al final lagrimoso que es el que los tiene profundamente despechados. Son de las personas que colocan en Facebook, MSN, Gtalk o Twitter cosas como: “Extrañándote mucho, fuiste lo mejor en mi vida, espero que vuelvas” “cuando el amor se acaba :(" o fragmentos de canciones del tipo “no hay nada más difícil que vivir sin ti”. El que se despecha en público tiene varias misiones en su vida: recuperar el objeto de su despecho, que todo el mundo se entere que está despechad@ y despechar/entristecer/amargar al resto de la humanidad.

Despecho cronometrado: Este despecho tiene fecha de vencimiento. La persona despechada en cuestión se hunde en el alcohol, se destruye en cuanta discoteca/bar/taguara de mala muerte se consigue, escucha las canciones mas cortavenas del mundo para cantarlas a voz en cuello y llorar lastimeramente, pero lo hace todo por un periodo limitado. Le pone no más de tres meses a ese despecho y después del tiempo establecido recupera su dignidad, olvidándose por completo del objeto de su despecho y del despecho en general. Generalmente este tipo de personas son las que aplican que un clavo saca a otro y así es como logran salir del despecho relativamente rápido y con su orgullo (casi) intacto.

Despecho never ending: Lo sufren las personas que se quedan despechadas de por vida -o al menos, por un muy buen tiempo- por la misma persona. Son de las que, mientras los demás rumbean, disfrutan, se empatan, se desempatan, se enserian, se ennovian, se casan, tienen hijos, trabajan durísimo, se jubilan y cobran su pensión, siguen pensando en el fulano o fulana que allá por 1920 les rompió el corazón. La vida de estas personas se estanca en ese momento en que los dejaron/botaron/rebotaron y nunca vuelve avanzar o lo hace de una forma lentísima. En Venezuela son conocidos popularmente como malpegados y se reconocen porque mencionan casi siempre de forma desubicada al objeto de su despecho en cualquier conversación que estén sosteniendo, así ésta sea de física cuántica, la crisis económica mundial o el calentamiento global. Por lo que dice lo reconoceréis.

Despecho periódico: Quienes lo sufren son generalmente personas inestables que cada cierto tiempo se despechan por un amor diferente. Cuando todo el mundo apuesta a que esa persona no le dio chance ni de enamorarse de alguien, resulta que no solo se enamoró: también rompió, peleó y se despechó por ese alguien. Son de la gente que tiene innumerables cuentos de innumerables pretendientes/pendientes/prospectos que al final son imposibles de recordar por los oyentes de sus historias, especialmente porque todos coinciden en sus finales infelices. Estas personas por lo general siempre viven falsamente enamoradas e ilusionadas pero terminan sufriendo, créanlo o no, de despechos reales.

Despecho farandulero: Esto lo sufren un poco más las mujeres, aunque los hombres no están exentos. Hay gente que se enamora horrores de la gente famosa, de los protagonistas de las novelas, de los galanes de las películas. Por ende, se despecha horrores también cuando se da cuenta que su pareja no es ese ser perfecto sino que es más bien una persona normal Muy del común. Bastante promedio, quizás. Y si es que tiene pareja, claro.
Lo mejor es pisar tierra. Mujeres: no se depriman si nunca gritan en la proa de un barco “I’m flying” mientras por detrás las abraza un Leonardo DiCaprio enamoradísimo. Hombres: no se depriman si nunca logran tener al clon de Megan Fox entre sus brazos. Entiendan que esos prototipos de mujeres y hombres perfectos son excepciones, ficción y en muchos casos, Photoshop. Disfruten de su amor de la vida real y no les de por comparar a su pareja con Brad Pitt o Angelina Jolie, por ejemplo. Ninguna persona común sale bien parada en esas comparaciones, ni siquiera usted.

Despecho multitasking: Hay personas que les sacan provecho a sus despechos. En vez de llorar, lamentarse o maldecir al mundo, se inscriben en el gimnasio, empiezan un postgrado, hacen yoga, aprenden tres idiomas, se cambian el look y emprenden un largo etcétera de proyectos ambiciosos. Las consecuencias de esto no se hacen esperar: al cabo de un tiempo lucen cuerpos esculturales, se gradúan con honores, encuentran la paz, conquistan en tres idiomas, imponen la moda y hasta se vuelven ejemplos a seguir dentro de su sociedad. Al final, se terminan convenciendo de que están mejor sin el objeto de sus despechos. Mejor aún: ante tantos triunfos, a muchos se les termina olvidando que en algún momento estuvieron despechados.

Despecho irónico: Si alguien a su alrededor vive diciendo que al amor apesta, entérese: ese alguien está despechado. El despecho es más profundo mientras más burlas y chistes irónicos se hacen a costa del amor, los enamorados y las cosas románticas. Generalmente esta persona le quiere arruinar la vida a otras personas pero de una forma tan sutil y chistosa que la gente ni se entera. A diferencia del Grinch que se quería robar la Navidad, esta persona se quiere robar el Día de los Enamorados porque generalmente son sus días más miserables. Detrás de esa risita de sabelotodo y postura cínica, hay una persona profundamente adolorida que incluso es más tóxica que aquella que vive su despecho en público. Así que cuídese de ella, porque la mala energía y el despecho que le arruinaron la vida a esa persona puede contagiarlo a usted.

Espero, de verdad, que hoy nadie se tenga que identificar con estos despechos. Pero si usted está despechado, no entre en depresión: recuerde que hoy también es el Día de la Amistad. Y la amistad y los amigos siempre dan motivos para sonreír y celebrar ¿no?

Joanna Ruiz Méndez

lunes, febrero 16, 2009

Sobre las elecciones

Tengo muchas teorías sobre el día de ayer. Pero no tengo la inspiración ni las ganas para articular mis ideas: sospecho que cualquier cosa que escriba caerá con todo el peso de un lugar común. Ya lo poco que he leído ha caído en ese saco: sifrinos de oposición diciéndole a otros sifrinos de oposición que son unos sifrinos, chavistas sifrinos que celebran su triunfo contra los sifrinos de la oposición, chavistas felices para no contrariar la inercia de la victoria y opositores abrumados por la sospecha de trampa. Como las musas me tienen abandonada y no quiero repetir lo mil veces repetido, prefiero esperar el momento propicio para un análisis. No será difícil: en estos días, siempre existe la oportunidad de plantear un análisis. De cualquier situación. Y de cualquier persona.
Mientras les dejo esta opinión de Iván Méndez que me parece demasiado oportuna para todo el mundo. Para que nadie se caiga a mentiras. Sustentada por autores que me gustan, lo que es un motivo más para recomendarla. Aquí se las dejo:

http://vacamulticolor.wordpress.com/2009/02/16/aprender-a-leer/

Y como siempre, saque usted sus conclusiones.

Joanna Ruiz Méndez

domingo, noviembre 09, 2008

Hambre: la otra cara de la crisis

“Nosotros tenemos crisis. Ellos tienen hambre”.

Ayer estaba escuchando, más que viendo, la Gala FAO que transmitió Televisión Española. Hubo desfile de personalidades, espectáculos y vestidos caros, que contrastaban un poco con el tema central del evento: el hambre en el mundo. No se quién dijo la frase con la que inicié este post, pero admito que me impactó. “Nosotros tenemos crisis. Ellos tienen hambre”. ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quiénes son ellos? Supongo que él, porque era un hombre, se refería a la sociedad española con aquello de nosotros, aunque el descalabro en la economía ha afectado al mundo entero. Y al decir ellos, probablemente pensaba en la gente de los países más pobres del mundo, de aquellas naciones en donde se afincaron de forma especialmente cruenta y persistente todos los males que hace tiempo se escaparon de la caja de Pandora. Entre esos, el hambre.
No creo que haya sido exactamente por el programa en cuestión, pero creo que algo tuvo que ver con el hecho de que por primera vez pensé en el hambre como una realidad concreta. Hasta ayer creo que lo había visto más como un problema abstracto. Una sensación de vacío en el estomago que en algunos es permanente. Un síntoma que advierte la obligación de satisfacer una necesidad: comer. Pero el hambre es más que una definición en un diccionario o una aproximación teórica. Es una realidad dura, aplastante, terrible. Quiénes conviven con el hambre, se llenan de hambre y se acuestan con el hambre, no pueden vivir más allá de esa dimensión. Sólo existe ese desierto interior en donde nada puede crecer. Ni aspiraciones, ni metas, ni las famosas ambiciones que nosotros consideramos como razón de vida. Lo único que puede existir es la certeza de esa perpetua agonía que en forma de monstruo se apodera de las entrañas. Y por más que mi abuelo dijera que uno sólo sentía hambre hasta que se acostumbraba a ella, me niego a creer en esa salida fácil. No creo que nadie se pueda acostumbrar a esa tortura diaria que debe ser vivir con hambre.
Para quien no ha tenido carencias, darle valor a las cosas que se tienen resulta una tarea titánica. Pero basta reflexionar un poco para entender que aquello que se considera un terrible síntoma de la crisis, como el aumento de los arbolitos de Navidad o de los ingredientes de las hallacas, no son más que las problemáticas que pueden asumir quienes ya tienen todo lo demás. Y aunque no hay que acostumbrarse a la crisis, antes de quejarnos por no poder comprar otro par de zapatos o tener un cupo de dólares risible, deberíamos pensar lo que esa crisis representa para otros: un sinónimo de hambre. Poner el acento sobre las cosas más importantes. Pensar en los demás, aunque sea por una vez.

Joanna

lunes, octubre 13, 2008

Y tú, ¿qué criticas?

Desde que la sociedad asumió que por regla general todo crítico es valiente o irreverente, todo el mundo quiere criticar. Es un vicio que se consume de forma pública o privada, con gusto o con culpa, por inercia o con plena y fanática conciencia. Y como todo vicio, no conoce de clases sociales, razas o religiones: criticar está al alcance de todos.
Pero si bien criticar es un denominador común, no todo el mundo hace las mismas críticas. Hay unas que destruyen, otras que fastidian y las hay totalmente inocuas. Esta es una lista de los tipos de críticas más comunes y sus principales características, para reconocerlas y sobre todo, reconocerse en ellas. Si no le gusta la lista bien puede criticarla: de críticas está hecho este post.

Crítica lugar común: Todos los críticos caerán aunque sea una vez en esta categoría, porque es la crítica que todo el mundo hace. Buenos ejemplos de estas críticas son las que se le hacen a Ratzinger, Bush o Chávez, por poner unos ejemplos. Los objetos de esta crítica tienen que ser situaciones o personas que sean continuamente criticadas, así que no hay que devanarse los sesos inventando algo muy rebuscado para criticar. Eso sí, quien caiga en la crítica lugar común, que se olvide del título de original. Esa crítica la hacen todos, así que es una suerte de crítica popular. Y lo popular es muy normal en estos días, incluso más que criticar.

Crítica estética: Esto es criticar a alguien por su fisonomía o por su estilo y es una crítica bastante común, pero no lugar común porque los criticados no siempre son los mismos y las críticas no siempre son iguales. La crítica estética varía, porque los cánones de lo que es bello o no cambian con la clase social, la cultura y el tiempo. Así que hay esperanza para los que reciben la crítica, porque esa barriga prominente o las prendas que conforman ese armario vergonzoso pueden ser alabados en otro círculo social, en otro lugar o con menos suerte, dentro de muchos, muchos años.

Crítica E!: Esto es criticar a los artistas, generalmente de Hollywood, como si fueran conocidos o amigos íntimos. “¿Por qué Lindsay hizo esa estupidez?” “¡Que fea está Posh Spice!” y “Otra vez Britney”, son los comentarios que más suenan en las bocas de quienes critican a las estrellas hollywoodenses. Este es un buen ejemplo de críticas inocuas porque, por más que las critiquen, esas estrellas seguirán ganando los mismos millones, teniendo las mismas mansiones y con un poco más de suerte, manteniendo la misma fama. Claro, esto no aplica si se es un crítico respetado y reconocido, pero aquí no estamos hablando de expertos, sólo de aficionados.

Crítica entre panas: Esa crítica duele, pero se hace. Es cuando se critica a un amigo, por las razones que sea y a veces sin querer. La crítica al amigo viene acompañada de un ligero remordimiento de conciencia, si fue una crítica pequeña y de una resaca moral, si la crítica destruyó al amigo en cuestión. Si se quiere conservar la amistad siempre es bueno evitar la segunda categoría. Y si quiere mantener una amistad sólida, es bueno que la crítica a sus panas sea una excepción, no una regla.

Crítica culta: Es cuando alguien dice o escribe una burrada imperdonable. Ahí saltan varias personas “solidarias” a hacer una crítica supuestamente constructiva: no se dice hubieron se dice hubo, García Márquez no es un dramaturgo venezolano, Japón no queda en África. Y a veces se acompaña de una sonrisita solidaria que en realidad delata el pensamiento: que carajo(a) tan burro(a) vale. Esta crítica hace sentir superior a quien la hace y humillado-arrastrado-miserable a quien la recibe. Pero ni modo, siempre hay alguien dispuesto a someter a otro al escarnio público. Y con una sonrisita y que solidaria, además.

Crítica rebuscada: Esto es criticar por criticar. Aunque no haya motivos. Como cuando se critica a alguien por ser “demasiado bueno”. Las mujeres son muy dadas a la crítica rebuscada sobre todo cuando ven a otra mujer más bonita que ellas. Cuando ven a una mujer perfecta –por naturaleza, cirugía o photoshop- siempre añadirán algo como: “si te fijas bien bien, tiene algo de celulitis…”.

Crítica Shakesperiana: Aquí se crítica a alguien por ser o no ser. Y esto incluye de todo: desde preferencia sexual hasta postura política. Digamos que ser demasiado convencional, poco convencional o medianamente convencional genera sospechas. La triste realidad es que, siendo o no siendo, todos sin excepción nos convertiremos en blancos de crítica en algún momento. He ahí el dilema.

Crítica post mortem:
Es raro pero hay gente pavosa a la que le encanta criticar a los muertos. Casi nunca pasa en los velorios, porque ese es el único momento en que todo el mundo se da el lujo de que lo consideren no bueno, sino buenísimo. Generalmente la crítica se da después, cuando ya todo pasó y la vida retoma su inevitable curso interrumpido por la muerte. Se empieza bajito, como para que el muerto no escuche, no vaya a ser que el espíritu todavía siga por allí. Y empieza: no es por nada, pero fulanito era tremendo. Y sigue por ahí. Los mas espirituales, para calmar la conciencia o por miedo a recibir un intempestivo halón de pies por la noche, siempre terminan religiosamente la crítica con un “hablo del cuerpo y no del alma”. Por si acaso.

Crítica histórica: Esta es derivada de la crítica post mortem, pero tiene tanta personalidad que merece un apartado. Hay gente, sobre todo la que se cree muy culta o intelectual, que critica a los personajes históricos. Que si ese Bolívar era un cobarde. Que ese Che que hace mirando al horizonte con cara de iluminado, como si nadie supiera que era un sanguinario. Que si Hitler fue el segundo anticristo. Y Napoleón el primero. Que si Marx jodió a todo el mundo y para siempre. En fin. La crítica histórica toca a todos lo que hayan hecho historia -aunque suene redundante-, incluso a los genios como Newton, a los que la mayoría de los estudiantes de bachillerato aborrecen, maldicen y ocasionalmente critican por su evidente falta de vida social. Aquí no importa si se habla del cuerpo o del alma: la mayoría murieron hace demasiado tiempo como para temerles aunque sea un poquito.

La metacrítica: La gente que critica a los que critican o a las críticas en general. Al parecer hacen lo mismo, pero con diferentes intenciones, aunque no se sabe si con iguales consecuencias. Los críticos de la crítica aún no han aprendido a luchar contra esta contradicción y generalmente se estrellan contra un irrefutable y aplastante “y si tú haces lo mismo ¿por qué criticas?”
Joanna