martes, noviembre 01, 2016

Desafío de Lectura 2016: así voy


¿Recuerdan que en enero les propuse un Desafío de Lectura? Aunque yo misma no he sido la más juiciosa este año, he tratado de cumplir con algunas de mis metas. Así voy:

- Un libro que tengas pendiente de tu autor favorito. Si ya los has leído todos, se vale la relectura del que más te haya gustado. Aunque entre mis pendientes sigue la relectura de La Montaña Mágica de Thomas Mann, decidí leer otra de sus obras mientras tanto: La engañada. En esta novela corta se cuenta la historia de una mujer madura que renueva su pasión por la vida a causa de hombre mucho más joven. A pesar de no ser mi libro favorito de Mann, me gustó mucho porque tiene el sello de todos sus escritos: ahonda de una manera sencilla en las profundas contradicciones, ironías y complejidades de la naturaleza humana.

- Una novela distópica. Creo que Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, encaja perfectamente en esta categoría. Sin embargo, si pudiera leer una más, elegiría otra del mismo autor: Fahrenheit 451.

- Un libro que haya sido publicado el año de tu nacimiento. Tokio Blues, Norwegian Wood de Haruki Murakami. Fue publicado en 1987. Pueden ver la reseña del libro aquí.

Un bestseller. Mi meta es terminar uno que comencé hace varios años: Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés.

- Un libro escrito por un(a) periodista. Es muy probable que termine leyendo uno que está desde hace rato entre mis pendientes: Tinísima, de Elena Poniatowska.

- Una novela gráfica. Maus, de Art Spiegelman. Una de las obras más dolorosas y bellas que he leído. Esta es la reseña que escribí en febrero.

Un libro infantil que siempre hayas querido leer. Sigo sin leerlo: Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Si alguien me lo quiere regalar para mi cumpleaños, prometo leerlo antes de que termine 2016.

- Un libro escrito por un(a) compatriota. Uno que tengo en la mira desde hace rato es La Enfermedad, de Alberto Barrera Tyszka.

Algún clásico (de esos que se supone que uno debe leer al menos una vez en la vida). El Túnel de Ernesto Sabato. Es un las obras clásicas de la literatura latinoamericana y que la mayoría de las personas que conozco –incluso aquellas que no son fanáticas de la lectura- ya han leído. Aunque la relación trágica entre el machista Juan Pablo Castel y la enigmática María Iribarne no logró engancharme completamente, creo que la historia es poderosa por aquello que jamás se hace explícito, por los silencios bien administrados, por la palabra no dicha. Creo que ciertamente deberían leer este libro al menos una vez en su vida.

- Un libro sobre el período histórico que más te llame la atención. Probablemente termine leyendo algo del Imperio Romano o de la Guerra Fría. Si tienen alguna recomendación, será bien recibida.

- Un libro que haya sido adaptado al cine o a la televisión. Mi opción en esta categoría es un clásico que compré en la Feria del Libro de Bogotá este año: Jane Eyre, de Charlotte Brontë.

- Un libro sobre fantasmas, zombies o extraterrestres. La verdad, no tengo nada pensado para esta categoría. ¿Sugerencias?

No sé si logre completar el desafío, pero les prometo que haré mi mejor esfuerzo en estos dos meses que quedan. Aunque pareciera que no he leído casi nada, hay obras que he culminado que no encajan en esta lista como Things Fall Apart, de Chinua Achebe –una obra a la que le dedicaré un post próximamente porque me pareció maravillosa- y Kokoro, de Natsume Sōseki. Además, debo dedicar tiempo a las lecturas relacionadas con mi tesis de maestría; estoy que pido nuevamente una licencia poética para olvidarme de que existe.

El 31 de diciembre les contaré cómo me terminó de ir. Espero que ustedes también me cuenten a mí.  

martes, julio 05, 2016

Tokio Blues, Norwegian Wood


Hace unos años, cuando escuché a mucha gente a mi alrededor hablar de Haruki Murakami y cómo sus libros los habían enganchado, lo puse entre mi lista de pendientes. Finalmente, una Navidad me regalaron un libro de este autor: Kafka en la orilla. Lo que pensé que se convertiría en una experiencia fascinante, fue una decepción mayúscula: no solo no me enganché, sino que me sentía desconectada de las metáforas no siempre bien logradas, de la historia que se enreda y no lleva a ninguna parte, de la gran cantidad de referencias musicales y literarias que me parecieron forzadas la mayor parte del tiempo. Este libro me dejó nada o poco,  algo que rara vez suele pasarme.
A pesar de esta experiencia, decidí darle una segunda oportunidad al autor japonés. En la última Feria del Libro de Bogotá, adquirí Tokio Blues, Norwegian Wood. La historia es muy sencilla: Toru Watanabe, de 37 años, rememora su adolescencia y todas las experiencias que marcaron esta etapa de su vida profundamente. Sus recuerdos se centran principalmente en Naoko, una joven frágil, etérea e inestable, quien había sido novia de Kizuki, su único amigo de juventud y quien se suicidó a los 17 años.
El protagonista también rememora sus vivencias en una residencia de estudiantes, las personas que conoce en el centro de reposo donde Naoko debe ser internada por sus problemas de salud mental, la situación que se vive en su universidad y su desconexión del entorno que lo rodea. Entre sus recuerdos, también destacan otros dos personajes: la simpática Midori, quien combate las desgracias de su vida a fuerza de vitalidad y alegría, y Reiko, una mujer madura que busca conseguir en el encierro y en la música una forma de luchar contra sus fantasmas.
En su juventud, a pesar de la vida que tiene por delante, los pensamientos de Watanabe giran alrededor de la muerte, pero también en el descubrimiento de la posibilidades que ofrece el sexo y las contradicciones de la vida. Lejos del entusiasmo y optimismo de la adolescencia, la del protagonista es una existencia gris, vacía y sin motivaciones.
Aunque en Tokio Blues hay mucho de lo que no me gustó en Kafka en la orilla, el relato logró engancharme y de alguna forma pude vincularme con sus personajes. La de Watanabe puede ser la historia de muchos adolescentes. Pienso incluso en otro personaje literario: Corcho, mi adolescente favorito, protagonista de Piedra de mar. Aunque en la historia del japonés todo es tragedia y en la de Francisco Massiani todo es risa y luz, ambos jóvenes comparten rasgos similares: la intensidad con la que viven y perciben su entorno, su predilección por la música, su devoción a un amor imposible. Este abordaje de la adolescencia me pareció interesante y creo que nos hace recordar a todos los adultos que una vez nuestra vida también tuvo esa mezcla extraña de ímpetu y tedio.
Con este libro también me pasó algo curioso. Hace unos años, probé el sushi y no me gustó para nada. Leyendo este libro y las descripciones que Watanabe hace de sus almuerzos, decidí volver a probarlo y me pareció delicioso. Ahora, debo confesar, soy adicta. Después de leer el libro, me puse a buscar entrevistas del autor y me conseguí con algo que me indicó que no soy la única a la que le he pasado:

Periodista: Dicen que le gusta abrir el apetito de sus lectores.
Haruki Murakami: Me gusta escribir sobre comida. Quiero provocar una reacción física de los lectores al escribir sobre la comida o la bebida. Poder hacerlo con frases es uno de mis placeres como escritor. Tengo la convicción de que si puedo conseguir hacerlo bien, seré capaz de hablar con más claridad, con más fuerza, sobre el amor o la tristeza, o el sentido de vivir.

Aunque Haruki Murakami no se convirtió en mi autor favorito y sigo sin entender la fascinación que genera, la experiencia con Tokio Blues, Norwegian Wood  fue mucho mejor de lo que esperaba. No sé si leeré un tercer libro de este autor pero, en caso que sí, ya les iré contando.

Joanna Ruiz Méndez


Fuente de la entrevista: Collera, V. (26 de febrero de 2007). "Tokio blues' fue sólo un experimento". El País. Recuperado el 04 de julio de 2016 de http://bit.ly/29fVAOR

lunes, mayo 30, 2016

Guía para ser adulto y no morir en el intento

CC0 Public Domain - www.pixabay.com
Antes de que comiencen a leer este artículo quiero advertirles: no soy una experta sobre la adultez. Al contrario, creo que no sé prácticamente nada sobre el tema. En este artículo solo conseguirá los consejos de una persona que ha sacado algunas conclusiones generales sobre el hecho de ser adulto con base en la propia experiencia. Dicho esto, ya puede seguir leyendo tranquilamente y, por supuesto, bajo su propia responsabilidad.
Creo que a muchas personas –incluyéndome- nos tomó por sorpresa eso de ser adultos. Uno cuando es niño jura que “cuando sea grande” sabrá exactamente qué va a hacer con su vida. Y la sorpresa es mayúscula cuando uno finalmente sale de la universidad, llega a los veintitantos y se da cuenta que no tiene ni idea de lo que quiere ni hacia dónde va.
Admiro a los que se ven tan seguros de su camino, que dan pasos firmes hacia lo que quieren –o al menos, así lo aparentan en Facebook-, a los que parecen haber entrado sin inconvenientes al mundo de los adultos. Si usted, al igual que yo, todavía se siente un poco confundido y desubicado con respecto a esto de la adultez, esta guía es para usted. Espero que le guste, lo ayude y sobre todo, le brinde algo de claridad para que asuma su vida con un poquito más de gracia y dignidad:

La culpa ya no es de sus padres: A muchos les cuesta bastante tiempo aceptarlo –a veces, nunca lo hacen- pero para ser adulto hay que tener algo claro: hace rato la culpa de lo que pasa en su vida dejó de ser de sus padres. Basta de echarle la culpa a sus progenitores por lo que usted es –o no es- como pareja, profesional, padre, etc. Hace rato que tuvo que haber empezado a tomar decisiones con respecto a su existencia y si, como dicen en Colombia, le siguen faltando “los cinco centavos pa’l peso” en cualquier aspecto de su vida, la responsabilidad es enteramente suya.

Asuma sus responsabilidades (y culpas): Está relacionado con el punto anterior, pero este consejo va dirigido a los que aún buscan en un compañero, colega, socio, etc. el chivo expiatorio para todo lo que le sale mal. Un verdadero adulto sabe cuando decir: sí, la cagué. Y también sabe cuando asumir compromisos y responder por aquello que le corresponde hacer y decir. Si usted va por la vida evadiendo sus responsabilidades, usted no es un adulto: es un niño temeroso escondido en un cuerpo con canas, arrugas y zonas flácidas. Y eso no solo es perturbador si uno se lo imagina literalmente, sino también bastante patético.

Pague sus deudas: Uno de joven no tiene mucha idea de cómo administrar el dinero pero, en muchos casos, nuestros padres nos mantienen y no nos parece tan grave declararnos en bancarrota permanente. Sin embargo, cuando uno es adulto no puede darse esos lujos porque siempre, siempre, SIEMPRE, hay cuentas por pagar. Y no, no es un drama, es una realidad. Asúmala. ¿Debe pagar, seguro, arriendo, cuota del crédito del carro? Hágalo antes de ir a gastárselo en un viaje todo incluido, en un restaurante de moda, un concierto o cualquier otra cosa que lo deje alcanzado y luego le impida cumplir con sus obligaciones. Si le sobra algo, ahorre un poquito y ahí sí gástese el resto en algo que quiera, que tampoco se trata de privarse permanentemente de los placeres de la vida.

Sea compasivo: Cuando éramos más jóvenes, nos quedábamos muchas veces en lo superficial y juzgábamos a nuestros compañeros por la ropa que usaban, los guapos –o poco agraciados- que eran, el mucho o poco dinero que tenían.  Por desgracia, muchos adultos llevan este comportamiento del bachillerato a sus entornos familiares, laborales y sociales, convirtiéndolos en pequeñas junglas en las que los más débiles no siempre salen airosos. No sea igual a ellos: las experiencias que ha vivido –sus rabias, tristezas y alegrías- le han tenido que enseñar algo sobre la vida y a ponerse en los zapatos del otro. Elija ser amable y compasivo siempre que pueda. Es lo que haría un verdadero adulto.

Madure: Suena obvio ¿no? Sin embargo, para mucha gente adulta, eso de madurar es opcional, no obligatorio. No se trata de volverse una persona amargada ni excesivamente seria: se trata de asumir de manera equilibrada y coherente cada situación que ocurre. Deje los dramas sin sentido para los adolescentes y para las novelitas/series que ellos ven, en las que los bachilleres son interpretados por actores y actrices treintañeros. Y no, usted no es uno de ellos.

Quiérase: Les pasa a muchos adultos –sobre todo a las mujeres-: les parece una tragedia ir acumulando rollitos, arrugas, canas. Y bueno, no voy a mentirles aquí y decirles que es lo máximo, pero tampoco es tan grave. A todos nos pasa, aunque a algunos les va mejor que a otros –sí, es contigo Sophia Loren-. Sin embargo, no tiene sentido desgastarse por un proceso que es natural. Cuídese, haga ejercicio y coma saludable si esto lo hace sentir mejor, pero un verdadero adulto sabe que la sabiduría y gracia que traen los años pueden ser tan atractivos como un cuerpazo escultural. No, no es un consuelo: lo digo absolutamente en serio.

Abrace a su niño interior: Una cosa es el niño temeroso que no asume sus responsabilidades por miedo al castigo; otro, el que mira con curiosidad todo lo que lo rodea. Sea como el segundo. Me he dado cuenta que la mejor forma de amargarse y envejecer rápidamente es perder la pasión por el conocimiento, por el mundo, por la vida. Si usted es de esos adultos que ya no hacen las cosas de forma diferente porque le ha funcionado todo hasta ahora y le teme a los cambios, no significa que sea exitoso: sencillamente usted se apoltronó en su zona de confort. Para que esto no le suceda, varíe algunos detalles de su vida cotidiana: tome cada día una ruta diferente para ir al trabajo, atrévase a probar un café distinto, empiece a ver una serie de televisión que alguien le recomiende y que usted, por iniciativa propia, no vería. El niño que usted era amaba conocer y probar cosas distintas. Déjelo a él, por un ratico, tomar las riendas de su vida. No se arrepentirá.

Ríase: Como dije más arriba: ser adulto no se trata de volverse una persona amargada ni excesivamente seria. No crea que porque ahora paga cuentas, toma decisiones importantes y tiene un trabajo en el que debe vestirse formalmente, se tiene que tomar todo demasiado en serio. La vida es una sola, así que trate de pasar por ella con alegría. Reírse de sí mismo -de su existencia, de sus propios errores y defectos, de los malos ratos- es síntoma de que usted es un adulto saludable y, probablemente, también feliz. 


Joanna Ruiz Méndez


martes, mayo 24, 2016

Bogotá: tres datos literarios

La segunda vez que vine a Bogotá -la primera vez tenía 4 años y, la verdad, casi no tengo recuerdos de ese viaje- me sorprendí gratamente con sus librerías encantadoras, en las que uno podía quedarse horas esculcando y consiguiendo maravillas. Desde que vivo aquí, sigo confirmando que esta ciudad tiene mucho que ofrecerle a una amante de los libros como yo. Aquí les dejo tres recomendaciones que a ustedes, que seguros también son lectores voraces, les van a encantar: 

Casa-Librería Wilborada 1047: El encanto de esta librería comienza desde su nombre: Wilborada es la santa patrona de los libreros y las librerías y  fue canonizada en el año 1047. ¿Otro dato curioso? El lugar siempre abre a las 10:47 a.m. 
Pero más allá de esta serie de datos, lo que hace a esta librería un rincón maravilloso de la ciudad es que está ubicada en una casa preciosa -construida en 1943- cuya arquitectura es fascinante, en donde hay muebles cómodos en los que uno puede sentarse a ojear obras literarias por horas, estantes repletos de libros en cada piso y un café de Café Cultor en el que uno puede comer y tomar algo rico mientras disfruta de ese ambiente especial. Este lugar combina tantas cosas que me gustan que aunque solo he ido un par de veces es, definitivamente, uno de mis lugares favoritos en Bogotá. Dirección: Calle 71 #10-47, Interior 4. 







Biblioteca Virgilio Barco: Aunque sé que la mayoría de las cosas se consiguen en internet, mi alma de viejita me insiste que no abandone las bibliotecas. No solo consigo información que no he podido ubicar en Google -aunque usted no lo crea- sino que también existe un encanto especial en meterse en estos espacios amplios, llenos de libros y un poco de polvo, totalmente dispuesto a encontrar tanto lo que uno está buscando como aquello que el azar ponga en nuestro camino. 
Aunque he visitado varias bibliotecas en Bogotá, la que más me ha gustado hasta ahora ha sido la Virgilio Barco; su arquitectura imponente, sus espejos de agua y el ambiente natural que la rodea hacen que uno escape por un rato del caos de la ciudad. Como forma parte de la Red Capital de Bibliotecas Públicas, uno puede tomar libros prestados con solo sacar su carnet -el proceso, en mi caso, demoró menos de media hora-. Si tienen la oportunidad, no dejen de visitarla. 
Dirección: Avenida Carrera 60 # 57-60

Nota: Aunque la biblioteca es preciosa, salir de noche no es una experiencia agradable. Ni un solo poste de luz alumbra los alrededores, por lo que uno siente que está caminando prácticamente a ciegas. Sería ideal que el alumbrado público funcionara mejor por esta zona.

Biblioteca Virgilio Barco

Biblioteca Nacional de Colombia: Hace más de dos años fui por primera y única vez a la Biblioteca Nacional. Me gustó mucho y me gustó aún más saber que muchos de los recursos que tienen están disponibles en versión digital. En las Colecciones Digitales pueden conseguir diversos tipos de documentos, entre los que están novelas, fotografías, incunables, mapas, cortometrajes, etc. Vale la pena que las revisen.


Joanna Ruiz Méndez

lunes, marzo 21, 2016

George Sprott 1894-1975



Tal como prometí en el post anterior, aquí traigo una reseña de George Sprott 1894-1975 (Random House Mondadori, 2009), una de las excelentes novelas gráficas que he tenido la oportunidad de leer.  
Esta obra de ficción del historietista canadiense Seth narra la vida de George Sprott, presentador de un popular programa televisivo llamado Hitos Boreales, emitido por la cadena CKCK. Al principio, da la impresión de que la historia se enfocará en las reflexiones de este anciano sobre su vida y el trabajo que lo hizo famoso, pero va mucho más allá.
A George Sprott lo conocemos por sus sueños, por sus propias reflexiones y por sus actos, pero también por la opinión que sobre él tienen otras personas que han pasado por su vida. Compañeros de trabajo, familiares o conocidos que establecieron con él desde relaciones profundas hasta superficiales brindan su testimonio y opinión sobre este personaje. Poco a poco, el lector deja de verlo como un anciano simpático que ha conocido tiempos mejores y comienza a percibirlo como un hombre que ha vivido intensamente y que acumula, como cualquier ser humano, vivencias profundamente extraordinarias, episodios reprochables, nostalgias, culpas y fantasmas.
Esta obra hace evidente que existen muchas versiones de nosotros mismos que, en conjunto, le dan forma a toda nuestra existencia. Para algunos, George Sprott fue un hombre interesante, valioso e importante; otros, en cambio, lo consideran arrogante, cruel, intrascendente.  Cada una de estas aproximaciones a su carácter evidencia que ninguna opinión es definitiva, pero tampoco insignificante. Cada una es un testimonio valioso porque muestra una faceta de un  ser humano que, como todos, está pleno de de matices.



P.D.: Aunque la CKCK del libro es una cadena televisiva de ficción, existe un canal con ese nombre ubicada en Regina, Canadá. También hubo una emisora de radio homónima. Conseguí un post en inglés en el que se habla de la época de gloria de ambas y de cómo se puede ver en George Sprott 1894-1975 una celebración a los personajes excéntricos de los programas locales que en algún momento fueron muy comunes en Canadá.