lunes, junio 15, 2009

Repertorio de etcéteras (I)

Un día de estos. Que tontería la palabra a destiempo. Por eso es que las cosas se oxidan, por eso es que el mundo a veces se detiene y se nos queda viendo. Muévete pues, parece decirnos. Sólo así yo puedo seguir girando. Ese mundo que a veces es un beso, un pasaje a otra dimensión, un silencio bien administrado. Muévete pues, haz algo, preferiblemente ahora, en este momento que.
Es tú momento. Dedica una canción. Una canción que diga: Le quitaste las arrugas a mi frente y sembraste tu sonrisa en mi dolor. O mejor no. Una que diga: Cuanto te quise, quizás, seguirás sin saberlo. O mejor: Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón. Prueba con el amor, con la despedida, con la ironía, a ver que te sale mejor. Prueba que.
Ya no existe ese hasta pronto suspendido en el aire. Porque sólo ahora existe un adiós que es felicidad, y locura, y ganas de irse. Ya no huyes, ya no escapas, sólo te vas. Igual sabes, tienes la certeza mejor dicho, que los malos momentos del pasado no te volverán a arruinar la fiesta ni el maquillaje. Brinda en vaso plástico o en copas de cristal, da igual. Siempre esas cosas son las que.
Se te olvidan porque tu memoria es fugaz, pero en su momento te importaron. Ahora sólo puedes recordar que estabas tan triste como la princesa de Sonatina, que alguna vez leíste un cuento de Hans Christian Andersen llamado El viejo farol y de que no podías entender cómo Loki y Thor no pudieron engañar a los gigantes a pesar de que eran dioses. Esas son las cosas que te quedan, los detalles se te escaparon siempre, así como las fechas y las frases memorables. Pero sabes que.
No importa que pasó, es en este momento, en el presente, que tienes que dar el primer paso y el segundo y el tercero y tienes que recordar al caminante de Machado para que no te canses y tienes que saber que ya no te vas a oxidar porque por fin estás caminando y ya el mundo no tiene que decirte muévete pues y tu no volverás a decir tampoco un día de estos sino que de ahora en adelante vas a decir, siempre vas a decir, como en este momento, vas a decir ahora, para evitar sobre todo y para siempre también, esa tontería, esa grandísima tontería que es la palabra a destiempo, esa que tu sabes que.
Más nunca volverá a molestarte.

Joanna Ruiz Méndez

domingo, mayo 24, 2009

Quién de nosotros

"Hemos incurrido en varias faltas, pero vislumbro que nuestra gran equivocación, la más irremediable, ha sido el no hablar nunca de ellas"

Esta novela, la primera publicada por Mario Benedetti, cuenta la historia de Miguel, Alicia y Lucas, tres amigos que dejan de serlo cuando los dos primeros se casan y el tercero se va de la ciudad. La antigua amistad de Miguel y Alicia deviene en un malogrado matrimonio, en parte porque Lucas se convierte, a pesar de su ausencia física, en un insoportable fantasma dentro de su relación. Un viaje repentino se convierte en la ocasión propicia para que los tres se enfrenten a la realidad y ejecuten, por primera vez en sus vidas, un acto de sinceridad.
La novela se divide en tres partes tituladas por los nombres de los protagonistas. En cada una, cada integrante de ese triángulo amoroso expone su visión de los hechos y ajusta la realidad a su medida. Miguel se sincera al estilo querido diario; Alicia hace catarsis a través de una carta; Lucas, el escritor, falsea sus recuerdos para hacerlos más llevaderos. La única coincidencia entre los tres es ese pasado-condena en común que los une irremediablemente en el presente.
Esta novela me encanta porque describe con exactitud la nostalgia de lo que pudo ser -y no fue- y la certeza del tiempo perdido, dos consecuencias inevitables del amor desperdiciado. Miguel, Alicia y Lucas sucumben a la tentación del silencio por comodidad, por vergüenza, por inercia. Se procuran un amor aséptico, libre de dramas y lugares comunes, y a cambio obtienen una profunda, inmensa, soledad. Al final, cuando todos se reconocen culpables, uno de los personajes resume la conclusión de esta historia a modo de interrogante: ¿quién de nosotros juzga a quién?

Joanna Ruiz Méndez

miércoles, mayo 06, 2009

Razones de peso

Hay etapas de nuestras vidas que están hechas de niebla y sueño. Son aquellas épocas que, independientemente de si fueron importantes o no, se nos terminan olvidando por completo. Generalmente están hechas de momentos absurdos, extraños o dolorosos, ajenos a nuestra esencia cotidiana, vergonzosos hasta el infinito. Así que las olvidamos por tedio, por pena, por conveniencia. Porque es mejor “olvidar ciertas cosas”. Porque sí.
Pero esas épocas tienen su dosis de recuerdos materiales. Y esos recuerdos materiales llaman a los intangibles. Pueden ser cosas pequeñas, una piedrita, un llavero, un peluchito por salir del paso. También pueden ser cosas grandes, como plazas, estaciones de metro, cartas. Sí, cartas, porque las cartas son las cosas más grandes que existen, aunque estén escritas en un papelito. Y cuando nos topamos con esos recuerdos materiales, inmediatamente nos conectamos con los recuerdos sutiles y etéreos, esos que sólo están hechos de memoria. Ahí pensamos: ¿yo hice-dije-viví-sentí esto? Nos parecen recuerdos tan lejanos, risibles, extraños, pero los terminamos reconociendo como nuestros. Entendemos que eso fuimos, que ahí también estamos pintados.
Creo no pecar de materialista al afirmar que hay etapas de nuestras vidas que sólo podemos rescatar gracias a un objeto o sitio concreto. Ciertos recuerdos materiales son razones de peso tangible para recordar que en otro tiempo fuimos otros, o los mismos de hoy, pero muy diferentes. Son nuestro “Rosebud”, nuestro “algo” corpóreo y consistente que nos conecta a un mundo de vivencias que creemos, sólo creemos, haber olvidado en épocas de niebla y sueño.

Joanna Ruiz Méndez

jueves, abril 23, 2009

Licencia poética

Quiero tener una licencia, ahora, en este momento, para escribir un poema. Para escaparme por un rato de la realidad o afrontarla a mi manera, como los buenos poetas. Para olvidar que existe algo llamado tesis, problema, calle, tesis y reloj. Quiero un disfraz feliz para todo. Quiero tener mi licencia, pero no llega. Quiero escribir un poema, pero la palabra petróleo no armoniza con nada. Con nada. Quiero, quiero, quiero. Terminar la tesis, olvidar los problemas, salir a una calle amable, terminar la tesis y ajustar el reloj a mi hora, a mi tiempo. Y mi licencia poética, para escaparme. O para terminar de enfrentar al mundo, bien armada con un verso. Ahí veo.
De verdad, necesito escribir un poema. Uno bueno.

Joanna Ruiz Méndez

martes, abril 14, 2009

De "El jardín de senderos que se bifurcan"

"Después reflexioné que todas las cosas le suceden a uno precisamente,
precisamente ahora.
Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos;
innumerables hombres en el aire,
en la tierra y el mar,
y todo lo que realmente pasa
me pasa a mí..."

Jorge Luis Borges

domingo, marzo 29, 2009

Suma

"Otro
tomó dos sonidos muy fuertes
y produjo con ellos
un silencio".

El milésimo segundo cuento de Scheherazade de Edgar Allan Poe

sábado, marzo 28, 2009

Los retos de escribir

- La hoja en blanco
- El comienzo
- El desarrollo
- El final
- La tentación del panfleto
- Luchar contra la cursilería
- Ceder a la comodidad del lugar común
- Sortear los trucos de la nostalgia
- La neutralidad como postura
- Atrapar al lector hasta el final
- El abandono de las musas
- Adoptar un estilo
- Pelear contra las fallas de ese estilo
- No copiar el estilo de otros
- O hacerlo pero no de forma evidente
- Aportar algo de originalidad
- O creerse demasiado original
- Olvidar/Recordar que se ha escrito sobre todo
- Pelear con las palabras
- Y hacer las paces con ellas
- No caer destrozado ante la propia crítica
- Y menos ante la ajena
- La trampa de la predestinación
- Esquivar la arrogancia
- La reiteración sin propósito
- El cansancio
- El aburrimiento
- Y la emoción repentina
- Apagar el modo Querido Diario
- Evitar los excesos
- O aferrarse a ellos
- Pensar en el best-seller
- Emular a los escritores malditos
- La constancia como principio
- Las ideas sueltas en la cabeza
- No tener ideas y tratar de tenerlas
- Querer escribir y no poder hacerlo
- La necesidad de contar una historia
- Y no saber exactamente cómo
- Ni cual

Joanna Ruiz Méndez