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lunes, noviembre 07, 2016

Things Fall Apart, de Chinua Achebe





"At the most one could say that his chi or personal god was good. But the Ibo people have a proverb that when a man says yes his chi says yes also".*

Todos los libros suponen una travesía no solo en el espacio sino en el tiempo. Con Things Fall Apart  (Anchor Books, 1994), de Chinua Achebe, me trasladé al día a día de una aldea nigeriana entre finales del siglo XIX y principios de XX. Sumergirme en esta historia fue adentrarme en un territorio desconocido y, aunque al principio pensé que sería difícil seguirle el hilo, pronto fue fácil reconocer en sus personajes características y emociones universales e inherentes al ser humano en cualquier lugar del mundo.
En la primera parte de Things Fall Apart (en español, Todo se desmorona) le seguimos los pasos  a Okonkwo, un hombre fuerte perteneciente a la tribu Ibo y residente de un pueblo ficticio llamado Umuofia. A través de diversos capítulos, el lector conoce varias facetas del protagonista: es un personaje prominente en la sociedad, un luchador temido por todos y un machista que trata con rudeza a sus tres esposas y que, sin embargo, siente debilidad por una de sus hijas: Enzinma.
Aunque Okonkwo es profundamente respetado en su comunidad, no está exento de cumplir ciertos deberes para seguir siendo considerado un ciudadano ejemplar. Sin embargo, él no cuestiona ninguna decisión colectiva, por difícil que sea de seguir. Ha luchado mucho para obtener la posición que tiene en su comunidad. Sabe lo que debe hacerse y no es un hombre que caiga en sentimentalismos. Tiene un sistema de creencias inalterable, el mismo de su tribu. Y es a través de él y su familia que conocemos la sabiduría de los Ibo, sus acciones crueles y sus momentos de generosidad, su manera de impartir justicia, de celebrar la vida y de afrontar la muerte.
De repente, Okonkwo cae en desgracia y con él su familia. Desterrado a la tierra de su madre, debe reconocer que la gloria que conocía ya no le pertenece y, probablemente, no volverá a pertenecerle. El mundo de Okonkwo y sus pares se empieza a desvanecer con la llegada del cristianismo y la imposición de una nueva forma de ver la vida. Desde el exilio, solo puede ser testigo lejano de la debacle; cuando vuelve a Umuofia, se involucra para detenerla, pero ya es demasiado tarde. En esta segunda parte del libro hay reflexiones luminosas y profundas sobre el dolor, la fe y la ruptura de las tradiciones.
Things Fall Apart es un libro profundamente humano, que nos entrega un universo de creencias, vivencias y costumbres absolutamente diferentes al que conocemos y que, sin embargo, lo hace sentir cercano e inteligible. Es de las mejores obras que he leído, una que se hace inolvidable y que, independientemente que la hayamos culminado, nos sigue acompañando por mucho tiempo.

Joanna Ruiz Méndez


* "A lo sumo uno podría decir que su chi o dios personal era bueno. Pero los Ibo tienen un proverbio que dice que cuando un hombre dice sí, su chi también dice sí".



Fuentes de referencia:

Egbunike, E. (26 de marzo de 2013). Chinua Achebe: Have Things Really Fallen in Place?. Feathers Project. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2finehU



Popeski, C. (22 de junio de 2014). Lower Nigeria in Chinua Achebe’s Things Fall Apart. Booma. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2fxAUX2
SparkNotes. Things Fall Apart, Key Notes. Recuperado el 23 de octubre de 2016 de http://bit.ly/2egy238

lunes, enero 25, 2016

Verano



Sin embargo, ¿en qué lugar del mundo puede uno esconderse donde no se sienta sucio?”

Vincent, un biógrafo inglés, está realizando un libro sobre el fallecido escritor sudafricano J.M. Coetzee. Éste se centrará en la vida del autor durante la década de los setenta, época en la cual era un treintañero pusilánime y gris. Para armar su obra, se vale de unos apuntes realizados por Coetzee entre 1972 y 1975 y también en otras notas sueltas que están sin fechar. Además, entrevista a cinco personajes muy diferentes entre sí, quienes fueron parte importante de la vida del novelista sudafricano en esta época. Esta es la sinopsis de Verano (Mondadori, 2010), de J.M. Coetzee, una ingeniosa obra autobiográfica en la cual no podemos distinguir con claridad qué es ficción y qué es realidad. 
Verano es la culminación de una trilogía llamada Escenas de una vida de provincia, que comenzó con Infancia y Juventud. Yo no las he leído y me parece que esta obra genial se sostiene por sí misma, aunque sería ideal poder leer las otras dos para complementar las ideas y temáticas que se presentan en este libro.  
La obra se divide en siete capítulos. El primero, Cuaderno de notas 1972-1975, es bastante corto y está escrito en tercera persona; contiene apuntes sueltos que se enfocan, principalmente, en la situación política en Sudáfrica y en la compleja relación que Coetzee tiene con su padre.
En Julia, el siguiente capítulo, se revela que Coetzee tuvo una relación con una mujer casada. No se trató de un amor apasionado, sino del encuentro de dos personas profundamente hastiadas que consiguieron, en esa aventura, una manera de darle algo de sentido a sus vidas monótonas. En Margot, se nos muestra al escritor en su entorno familiar y se evidencia la especial relación que tiene con una de sus primas; en Adriana, lo vemos como un conquistador fallido que no logra cautivar, a pesar de sus –torpes- intentos, a la mamá de una de sus alumnas de inglés.
Martín se enfoca en un hombre que compitió con Coetzee por el cargo de profesor adjunto en la Universidad de Ciudad del Cabo, lo cual brinda una oportunidad para describir al autor en su rol como docente; en Sophie, otra de sus parejas describe alguna de las ideas políticas del novelista, su postura frente a la identidad afrikáner y algunos detalles de una relación que ella describe como “cómica y sentimental a la vez”. El último capítulo, Cuadernos de notas: fragmentos sin fecha, los apuntes vuelven a enfocarse en la relación de Coetzee con su padre y nos da algunos detalles de su madre y de la educación que recibió, la cual influyó profundamente en él y lo convirtió en el adulto que es.
Salvo el primero y el último, todos los capítulos utilizan la entrevista como estructura, un detalle que me pareció bastante novedoso para una autobiografía. En todos, se nos muestra a un Coetzee con una personalidad bastante pobre y nada notable, el tipo de hombre deslucido que no impacta profundamente a nadie; un individuo que, a pesar de su posterior fama como escritor, no logra borrar del recuerdo de los que lo conocieron en la década de los setenta como un personaje poco memorable y hasta algo patético. Es curioso pensar que esta descripción bastante desfavorable haya sido escrita por el mismo Coetzee, quizás por simple modestia o a lo mejor por pura diversión.
Creo que lo que más me gustó de este libro, es una característica que también he percibido en los otros dos libros que he leído del escritor –Tierras de poniente y Diario de un mal año-: Coetzee tiene una forma muy particular de revelar en palabras simples, verdades profundas y universales que  aunque a veces percibimos, no siempre podemos nombrar. En este libro, su abordaje sobre la adultez me parece magistral. Su mediocre existencia como treintañero, tal como la describe el libro, refleja la mayoría de los pequeños y grandes dramas de todos los que se convierten en adultos sin estar completamente preparados (¿es que acaso alguien lo está?): la inseguridad, la sensación de haber fracasado en todo y ese sentimiento de no encajar nunca, de ser un personaje inadecuado, seguramente han sido constantes en las vidas de más de uno. O quizás, de todos y cada uno de nosotros.
Verano es un libro divertido, nostálgico y honesto. No importa si Coetzee nos ha mentido mucho o poco; todo en este libro, haya sucedido o no, tiene mucho de verdad porque ahonda de manera limpia y precisa en la compleja naturaleza humana.  

Joanna Ruiz Méndez



Referencias:
Cruz, F. (30 de julio de 2010). 'Verano' de Coetzee, la novela más recomendada por los escritores españoles para estas vacaciones. El País. Recuperado el 25 de enero de 2016 de http://bit.ly/1Qxdmz7

De Hériz, E. (05 de mayo de 2010). Tras 'Infancia' y 'Juventud', J. M. Coetzee cierra su trilogía de memorias ficticias con 'Verano'. El Periódico. Recuperado el 25 de enero de 2016 de http://bit.ly/1ZOVpwF

lunes, septiembre 23, 2013

La casa del silencio




La casa del silencio, de Orhan Pamuk, es una novela ambientada en Turquía, justo antes del Golpe de Estado de 1980 según lo ha indicado el propio autor. En ella se narra una saga familiar en la que sus personajes, cuyas almas se encuentran habitadas por poderosas obsesiones, no parecen capaces de evitar el sino trágico que se cierne sobre ellos. 
Fatma, una anciana profundamente religiosa que vive en el pequeño poblado de Cennethisar, recibe la visita de sus tres nietos que viven en Estambul. Faruk, el mayor, es un historiador alcohólico y obeso que sueña con conseguir, en las páginas del pasado, un hecho que pueda darle la oportunidad de recomponer su presente. Metin, el del medio, se desvive por alcanzar el sueño americano y lamenta todos los días la falta de dinero que le impide concretarlo. Además, su estadía en Cennethisar lo enfrenta a una nueva obsesión: el amor. Nilgun, la hermana menor, es una linda muchacha comunista que pronto se convierte en el objeto de deseo de Hasan, un fanático religioso. 
En la casa, además de Fatma, se encuentra Recep, un hombre temeroso y noble que la cuida con esmero a pesar de que ella lo desprecia. El ser hijo ilegítimo de Selahattin, el difunto marido de la anciana, lo condenó a un destino trágico y el hecho de ser enano lo hace objeto de burlas por parte de su entorno. 
Cada uno de los personajes –a excepción de Nilgun- revela en primera persona sus motivaciones profundas, sus bajas pasiones, su visión de la vida. A través de sus recuerdos logramos conocer a otros miembros de la saga, especialmente a Selahattin, quien es fundamental en esta historia. El marido de Fatma, un médico obsesionado por sacar del atraso a su país, consigue en la ciencia la única esperanza de un cambio. Idealista en su juventud, su fanatismo lo va convirtiendo poco a poco en un personaje profundamente intolerante. Su incurable vicio por el alcohol, que lo termina destruyendo, será un mal del que también adolecerán Dogan, su único hijo con Fatma, y Faruk, su nieto. 
La vieja casa es el lugar de encuentro de distintas generaciones. En ella predomina el silencio porque las personas que la habitan, con escasas excepciones, no encuentran una manera eficiente de comunicarse entre sí. A juzgar por la visión de Pamuk, esta podría ser una metáfora de la propia Turquía en el convulso momento histórico en que es ambientada la historia. 
Aunque profundamente disímiles en su forma de ser, los integrantes de esta saga familiar tienen un punto de encuentro: la obsesión. Y aunque el final es concluyente en algunos aspectos, en otros la historia queda abierta porque a veces las obsesiones, tanto en los libros como en la vida real, no parecen acabar nunca. 

P.D.: Encontré una entrevista, en inglés, en la que el autor habla sobre esta obra. Me pareció interesante, así que aquí se las dejo: http://bit.ly/1feys4a 

Joanna Ruiz Méndez

lunes, agosto 26, 2013

La muerte de Honorio



Un Tenedor de Libros, un Periodista, un Médico, un Capitán y un Barbero: cinco hombres con distintos oficios, ideologías e historias, se encuentran prisioneros en el mismo calabozo. El espacio que comparten es pequeño y oscuro, tan tenebroso como el país en el que viven. Aún cuando son diferentes en muchos aspectos, el horror lo une: cuatro de ellos ya han conocido el infierno y un quinto vio su sueño de toda la vida convertirse, poco a poco, en una pesadilla.
Estos cinco hombres son los protagonistas de La muerte de Honorio de Miguel Otero Silva, una novela que intenta salvar del olvido las torturas y la humillación que sufrieron los venezolanos que se atrevieron a luchar contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. También evidencia una verdad irrebatible: en un régimen de terror, incluso esos que prefieren no involucrarse con ninguna causa, pueden convertirse en víctimas.
La historia se divide en dos cuadernos: Cinco que no hablaron y Honorio y su muerte. En el primero se detalla el pasado de cada uno de los presos: sus anhelos infantiles, sus vivencias adolescentes y las dificultades de la vida adulta; también su historia familiar, el primer amor y la elección de la profesión que los distingue. Además, se revela el porqué se encuentran presos y se describe de forma cruda y pormenorizada los suplicios vividos por los protagonistas. Al final de ese primer cuaderno, se introduce  por referencia el personaje de Honorio, el hijo del Barbero.
En el segundo cuaderno, se narra la vida en la cárcel y como, paulatinamente, se va haciendo menos dura para los presos. Honorio, ese niño rubio que el Barbero describe como fuerte, vivaz y travieso, se vuelve una presencia amable y luminosa en la vida de estos hombres. Todos, a su manera, quieren mejorar la vida del pequeño y no hay mayor ilusión para ellos imaginarse como influirán en su porvenir una vez que hayan recobrado la libertad. 
Otro hecho importante -y simbólico- que se narra en este cuaderno es el nacimiento en la cárcel de cinco pollitos. Los reos, en parte porque les sobra el tiempo y en parte porque les toman cariño, deciden cuidarlos. Uno de ellos, enclenque y patuleco, es el que recibe las mayores atenciones del Barbero. Aunque al segundo cuaderno le falta la fuerza del primero, tiene en la historia de los pollitos una de las descripciones más conmovedoras que he leído en mi vida.
Sus referencias históricas, su narración precisa y sus personajes bien estructurados convierten a La muerte de Honorio en una novela poderosa que engancha desde la primera página. No dejen de leerla. 

Joanna Ruiz Méndez

domingo, junio 16, 2013

Stitches, una infancia muda


Con Shortcomings de Adrian Tomine conocí la novela gráfica y, aunque estaba algo familiarizada con el término, no había tenido oportunidad de leer alguna obra que encajara en este concepto. Shortcomings, plena de humor, ironía y situaciones extravagantes, me gustó bastante y me hizo interesar en este tipo de novelas cuya fuerza, a diferencia de aquellas que acostumbro a leer, no radica precisamente en el texto. Gracias a ese interés compré y leí Stitches, una infancia muda, de David Small.
Al ver la portada, pensé que la trama giraba en torno a un preadolescente-rebelde-sin-causa que le hace la vida miserable a su familia. Nada más lejos de la realidad. Stitches nos cuenta sobre la infancia y la adolescencia del autor, las cuales estuvieron marcadas por la crueldad de su madre y la indiferencia de su padre. Su abuela materna, un personaje fugaz pero inolvidable, es un elemento fundamental de esa pesadilla que es su vida.
Hay mucho poder y mucha poesía en estos dibujos. No soy experta, pero algo mágico hay en estas ilustraciones que no solo retratan la desesperación, la soledad y la desesperanza del protagonista, sino que hacen que uno las sienta también. Las viñetas son eficaces en describir la vida de David, pero también su mundo interno -ese que lo ayuda a sobrellevar su mutismo-. Stitches tiene más de 300 páginas, pero se puede leer en una hora. Y, aunque parezca poco tiempo, al llegar a la última página uno siente que ha hecho un viaje muy largo, en el que ha acumulado imágenes que perdurarán para siempre. Small nos cuenta una historia indeciblemente triste y lo que hace con tanta destreza que, apenas se termina de leer, uno ya sabe que no podrá olvidarla.

P.D.: Pueden conocer más sobre el trabajo de David Small en su página davidsmallbooks.com (en inglés)

Joanna Ruiz Méndez

jueves, mayo 23, 2013

Los topos



"Los hombres son todos distintos, aunque compartan la misma fe"

Los topos de Eduardo Liendo no es solo una historia sobre la guerrilla en Venezuela durante los años sesenta, sino también es el testimonio de una nostalgia colectiva y de unos sueños aplastados, en parte, por los mismos soñadores. 
La historia se centra en Armando y sus compañeros de lucha quieren destituir el sistema establecido y consolidar uno completamente diferente, revolucionario. La historia se desarrolla en tres escenarios distintos que brindan varias visiones de la vida del protagonista.  
El primero se enfoca en la vida en la cárcel. Armando y sus compañeros, quienes están presos por sus actividades guerrilleras, deben asumir con paciencia y dignidad las vejaciones a las que se ven sometidos por algunos carceleros y por la misma dinámica del lugar. Sin embargo, no se resignan: han estado en varias cárceles y en todas han buscado la manera de escapar. Algunos lo han logrado y por eso los demás no pierden la esperanza. De tanto estar en túneles, sucios de tierra, abrigados por la oscuridad y amenazados por la falta de aire, estos hombres emprenden la labor de topos pues es su única esperanza de conseguir la libertad.
En el segundo se describe la vida en un campamento guerrillero en la montaña y la imposibilidad de algunos para adaptarse a ella. Aunque todos están dispuestos a pelear y morir por la causa, pocos soportan las inclemencias del clima, los zarpazos del hambre y la falta de sueño. Aunque hay deseos de gloria y aspiraciones heroicas, el fracaso se anticipa inevitable.
Una tercera visión nos acerca a un Armando que ya no está en la cárcel, que recuerda con nostalgia su pasado guerrillero y que escribe sus vivencias aunque no sepa con exactitud porque lo está haciendo. Lo aclara desde el principio: “En realidad, nada me obliga a contar esta historia. Lo hago, quizá, para medio espantar algunos rebullones que siempre me rondan. Puede ser también para complacer a los muchachos que cuando me encuentran por ahí nunca se olvidan de decirme: <<¿Y por fin, cuándo vas a escribir aquella historia>>”. Ya sea por compromiso o para exorcizar demonios, él la escribe y nosotros la leemos.
Los topos es una novela testimonio. Eduardo Liendo comparte con su protagonista el pasado guerrillero y los años en la cárcel. En realidad nos está contando gran parte de su historia y, aunque no es posible saber qué sucedió en la realidad y qué es producto de la ficción, da la impresión de que es mayormente  un relato verídico al que solo se le han cambiado algunos nombres.
Ésta es una obra que todos los venezolanos deberíamos leer para comprender el momento actual que vivimos. Los topos brinda pistas sobre una época que está teniendo consecuencias en la actualidad. Nuestro presente, de alguna manera, ya estaba escrito. Hay un fragmento de esta obra, escrita en 1975, que no puedo dejar de transcribir y que parece una predicción: “Pienso que del vientre del mar surgirán muchas olas, algunas de ellas, nadie sabe cuándo, será lo suficientemente poderosa como para saltar el gran rompeolas de la burguesía y llegar a la playa. Ojalá que sea una hermosa revolución. Ojalá no haya entonces ninguna razón para añorar un pasado injusto e imperfecto”.



Joanna Ruiz Méndez

domingo, mayo 24, 2009

Quién de nosotros

"Hemos incurrido en varias faltas, pero vislumbro que nuestra gran equivocación, la más irremediable, ha sido el no hablar nunca de ellas"

Esta novela, la primera publicada por Mario Benedetti, cuenta la historia de Miguel, Alicia y Lucas, tres amigos que dejan de serlo cuando los dos primeros se casan y el tercero se va de la ciudad. La antigua amistad de Miguel y Alicia deviene en un malogrado matrimonio, en parte porque Lucas se convierte, a pesar de su ausencia física, en un insoportable fantasma dentro de su relación. Un viaje repentino se convierte en la ocasión propicia para que los tres se enfrenten a la realidad y ejecuten, por primera vez en sus vidas, un acto de sinceridad.
La novela se divide en tres partes tituladas por los nombres de los protagonistas. En cada una, cada integrante de ese triángulo amoroso expone su visión de los hechos y ajusta la realidad a su medida. Miguel se sincera al estilo querido diario; Alicia hace catarsis a través de una carta; Lucas, el escritor, falsea sus recuerdos para hacerlos más llevaderos. La única coincidencia entre los tres es ese pasado-condena en común que los une irremediablemente en el presente.
Esta novela me encanta porque describe con exactitud la nostalgia de lo que pudo ser -y no fue- y la certeza del tiempo perdido, dos consecuencias inevitables del amor desperdiciado. Miguel, Alicia y Lucas sucumben a la tentación del silencio por comodidad, por vergüenza, por inercia. Se procuran un amor aséptico, libre de dramas y lugares comunes, y a cambio obtienen una profunda, inmensa, soledad. Al final, cuando todos se reconocen culpables, uno de los personajes resume la conclusión de esta historia a modo de interrogante: ¿quién de nosotros juzga a quién?

Joanna Ruiz Méndez

viernes, noviembre 28, 2008

Thomas Mann el alpinista



Doce años. Este fue el tiempo que le demoró a Thomas Mann escribir Der Zauberberg. En español: La montaña mágica. Doce años que comenzaron en 1911, cuando su esposa tuvo que ser internada en un sanatorio por encontrarse muy delicada de salud. Allí comenzó a gestarse la idea de este libro, inmenso en todos los sentidos, en el que Mann recorrió sin prisa los vericuetos de la convivencia humana, modelados por la política, las clases sociales, la enfermedad, la muerte y, obviamente, por el amor.
Hans Castorp, un joven ingeniero naval, llega a un sanatorio en Davos para visitar a su primo, Joachim Ziemssen, quien padece una grave enfermedad que lo ha obligado a abandonar temporalmente la carrera militar. El plan original de Castorp es permanecer sólo tres semanas en los Alpes suizos, pero aún éstas son suficientes para darse cuenta de que el tiempo pasa muy diferente entre “la gente de arriba”. Esta nueva percepción del tiempo se une a un extraño ardor en el rostro y a un sopor que lo invaden casi desde su llegada al sanatorio. Además los puros Maria Mancini, sus favoritos, no pueden consolarlo: por alguna razón, deja de disfrutarlos como antes. Desde que llega, Castorp se convierte en un aprendiz de ese nuevo mundo, al que comienza a pertenecer sin darse cuenta, y a ratos logra alcanzar esa rara sabiduría de quien coexiste con la presencia inevitable y certera de la muerte.
Así como otras obras indispensables, La montaña mágica no depende de un magnífico final. Lo realmente magistral es el contenido y la habilidad del autor para hacer que al lector asuma innumerables veces el papel del protagonista. Ambos, Hans Castorp y el lector, deben emprender ese viaje de iniciación que implica el conocimiento profundo de la vida. No se puede leer de otra forma. Así como Castorp sufre una transformación desde su llegada al sanatorio Berghof, nadie vuelve a ser el mismo después de terminar este libro, en donde las a veces graciosas contradicciones y vivencias de los personajes se convierten en un reflejo dramático del entramado histórico y sociopolítico de un continente a un paso de la guerra.
No fueron en vano los doce años que le tomó a Thomas Mann crear esta historia atípica. Tal vez esta falta de prisa e infinita paciencia se debieran a una certeza interior que le indicaba que las obras maestras se gestan lentamente. O que lo distrajera el fragor de la Primera Guerra Mundial, que le rugía en el oído y le transformaba las ideas en la cabeza. También que se agotaran pronto los aportes que le ofrecía la experiencia de su esposa enferma y se encontrara con que el resto del libro debía completarlo con su imaginación pródiga, su inteligencia prodigiosa y su vasta cultura, que nunca exhibe de forma chocante. Pero de cualquier manera, un día se consiguió con que la había terminado y con eso llegó a la cumbre de la literatura. Como el mejor de los alpinistas, Thomas Mann llegó a la cima. Y a diferencia de ellos, no se conformó con este logro: también nos regaló la montaña.

Joanna Ruiz Méndez

jueves, octubre 23, 2008

El poder y la gloria

“Aquel lugar se parecía mucho al mundo: atestado de lujuria, crimen y amor desgraciado”

Un personaje huye sin cesar. De sus perseguidores, de su destino, de sí mismo. Huye y en el camino deja huellas, cabos sueltos, culpas. Huye porque no tiene otra alternativa. Casi por inercia. A veces cobarde, a veces temerario. No es valiente. Es un cura pero, sobre todo, es un hombre.
Este personaje es el protagonista de “El poder y la gloria”, la célebre novela de Graham Greene. La historia está ambientada en México en plena década de 1920, específicamente durante el gobierno de Plutarco Elías Calles. Las tensas relaciones que mantuvieron la Iglesia y el Estado durante el gobierno de Álvaro Obregón se convirtieron en una lucha abierta durante el mandato de Calles, lo que dio origen a la Guerra Cristera.
Este cura quiere huir de Tabasco, el primer estado en donde la religión católica fue terriblemente acorralada. Los demás religiosos han muerto, escapado o han sido obligados a contraer matrimonio. La historia se resume en la eterna fuga de este sacerdote solitario que recorre un inmenso territorio repleto de peligros, abundante en miedos y generoso en culpas para salvar una vida que ya no representa demasiado. De todas formas, ya ha perdido todo su dinero, prestigio y dignidad. Si se aferra a ella es por instinto, para no contradecir aquella sentencia de que mientras hay vida hay esperanza. Al igual que Edipo, el cura se encontrará evadiendo su destino y esquivando los zarpazos de la fatalidad para tratar de darle un sentido real a su existencia.
Pero la salvación no se encuentra ni dentro ni fuera de Tabasco. Salvarse no es una elección. Porque ese conflicto entre el Poder-Estado y la Gloria-Iglesia, no tiene como opción la salvación del individuo. Ambas instituciones son mecanismos que lo oprimen, que lo convierten en traidor o pecador, héroe o mártir, pero nunca en un ser humano libre. El hombre sólo puede existir bajo un nombre, una profesión y una etiqueta. Más allá de este papel de instrumento, parece no existir.
Este no es un libro ameno de leer e incluso a veces se hace pesado, pero con algo de paciencia se puede apreciar la grandeza de ciertos pasajes y sobre todo, el simbolismo que representa el sufrimiento del cura. Porque este cura, ante todo hombre, representa el sufrimiento de todos los hombres, en todas las épocas, que han sufrido por las instituciones que la misma raza humana ha creado en pro de una evolución y progreso que no terminan de llegar nunca.

Joanna

sábado, octubre 04, 2008

Paula


“Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte, la vida es puro ruido entre dos insondables silencios”

Si La casa de los espíritus es un título sugerente, Paula es eso: Paula. Un nombre de mujer. Un nombre simple además. Un mantra, si se repite muchas veces.
Paula. Así se llamaba la hija de Isabel Allende. La muchacha de cabello negro y ojos vivaces que se encuentra en las portadas de muchos libros con su nombre: esa era ella. Fue ella la que inspiró a su madre una larga carta que comienza diciendo: “Escucha, Paula, voy a contarte una historia, para que cuando despiertes no estés tan perdida”. Pero después de que en diciembre de 1991 Paula cayera en coma, nunca más despertó.
Esta larga carta, cuya destinataria era una joven inmóvil y ausente, se convirtió en libro sin querer. Por eso Isabel Allende escribe con tanta franqueza los capítulos más alegres, amargos o curiosos de su propia vida, de su familia y de su país. Por un lado la lenta y silenciosa agonía de Paula, la dictadura militar chilena y la desesperanza del exilio. Por el otro, la visitas de la autora con su abuelo a la tragicómica lucha libre, su aventura como falsa bataclana y las peripecias sufridas con su primer amor: un muchacho boliviano alto, flaco y profundamente orejón.
Cuando el lector es consciente que está asistiendo a la larga agonía de una joven narrada por su madre, una mujer llena de vida, es imposible no ceder ante el cliché de la esperanza. Pero Paula no es ni remotamente un lugar común. Es un relato sublime repleto de contrastes, realismo mágico, extravagancias. Hasta se perdona el título simple: este testimonio de vida definitivamente no puede tener otro nombre. Es, junto con La casa de los espíritus, de los mejores libros de Isabel Allende.

Nota: Leí hace poco La suma de los días, que es una especie de continuación de Paula. No voy a decir que me decepcionó, pero creo que su mayor valor está en que nos dice que sucedió en la vida de los inolvidables familiares de Isabel Allende, que vuelven a ser protagonistas en estas memorias. Es ese sentido, cumple su función. No me fascinó pero es recomendable, siempre y cuando se haya leído Paula.

jueves, septiembre 18, 2008

Elantris


Elantris es uno de esos libros fáciles de omitir porque ni la portada ni el título son muy llamativos. Pero una vez que se empieza a leer, te atrapa al punto de querer leerlo todo de una vez. En eso me recordó a Harry Potter y al igual que la saga J.K Rowling, es pura fantasía presentada de forma realista y accesible.
Elantris, capital de Arelon, es una ciudad majestuosa en donde viven seres mágicos que a los ojos de los simples mortales son verdaderos dioses. Los elantrinos tienen el poder político, social y económico del país –digamos que aún no se hablaba de descentralización-, por lo que su repentina caída en desgracia deja a Arelon sumido en el caos. La Shaod, la fuerza transformadora que convertía a un ser normal en elantrino, se vuelve en contra de Elantris, convirtiendo a sus habitantes en muertos vivientes despojados de toda magia.
La historia en el libro comienza diez años después de esta Transformación. Raoden, el príncipe de Arelon, es alcanzado por la Shaod y desterrado a Elantris, que ahora se cae a pedazos y está siempre vigilada para mantener a sus habitantes encerrados con su eterna cuarentena. Raoden no puede cumplir con el compromiso matrimonial adquirido con Sarene, princesa de Teod, quien llega a Kae - nueva capital de Arelon, después de la Transformación- cuando el príncipe ya ha sido dado por muerto, pero aún sigue unida a Arelon por un compromiso matrimonial nada favorecedor y una importante misión política que favorecerá a ambos reinos. Pronto se dará cuenta que su trabajo incluirá vigilar a Hrathen, un sacerdote de Fjordell, quien ha sido encargado de ejectuar planes peligrosos que involucran a Arelon y Teod.
La historia así resumida no parece tan llamativa, pero hay que leerla. Elantris es una novela refrescante, creativa, sencilla y en muchos casos, innovadora. Sólo por el manejo del tema de la religión es absolutamente recomendable. El autor plantea hasta que punto poder religioso es sinónimo de poder político, en que momento se divide la fe del fanatismo y todo lo que es capaz de hacer alguien en nombre de una creencia. Pero apartando esta temática, el punto fuerte de la novela son los personajes, consistentes y casi siempre creíbles. Salvo algunos, la mayoría se hacen importantes, imprescindibles e inolvidables dentro de la historia.
Este es el primer libro que publicó Brandon Sanderson y lo hizo merecedor de muy buenas críticas. Me gustaría leer más de este autor porque de verdad Elantris me sorprendió gratamente. Y aunque lo que más alaban los críticos es que condensó una buena historia de fantasía en un sólo libro, hay cosas del final que me ponen a dudar. Me huele a que habrá segunda parte, pero sólo el tiempo lo dirá.

Joanna

domingo, agosto 31, 2008

Por fin, Rayuela

Desde enero. Guardada, sin quitarle el plástico, intacta. Desde enero tenía Rayuela y me daba como miedo leerla. Hasta que me decidí: la saqué del cajón en donde estaba, le quité el plástico y la abrí. Y comencé a leerla, por fin.

Los capítulos del lado de allá (en París): son sublimes y casi me arrepentí de no haberlos leído de corrido. Releyéndolos sin saltar a los capítulos prescindibles se me hicieron poesía pura.
Los del lado de acá (en Buenos Aires): Lejos de la metáfora que es París, Buenos Aires se antoja una casa segura, conocida, rutinaria. Pero como la vida de Oliveira no es un lugar común, esta ciudad tampoco lo es. Es su circo particular, y el de Talita y Traveler. O su manicomio, según como se vea.
De otros lados (capítulos prescindibles): Es verdad, hay joyitas, pero también otros que si se me hacen prescindibles. Pero al final, cada quien elige como leer Rayuela. Mi recomendación: leer el “segundo libro” recomendando por Julio Cortázar (intercalando estos capítulos con los de las dos primeras partes) y luego, en la relectura, prescindir de ellos. La primera forma me puso a pensar, pero la segunda la disfrute más.

Es como necio recomendar Rayuela. Es evidente que hay que leerla. Aunque al principio me pareció intensa y fastidiosa -un libro para intelectuales trasnochados-, poco a poco, la historia del antihéroe-antisocial-antitodo de Horacio Oliveira me atrapó y comencé a leerla con gusto. De a ratos para que no se acabara tan rápido, pero también para entenderla. Y también abandonándola unos días, para retomarla después y darme cuenta que cada vez me parecía mejor. Mucho mejor.
A pesar de lo antipático que a veces se me hacía Oliveira –merecedor del más largo, inspirado y rebuscado insulto que haya leído antes-, entiendo que todos somos un poco él. Siempre buscando. A veces encontrando. La mayoría de veces no. Criticando lo absoluto, pero deseosos de que exista. Somos Oliveira. Jugamos como él en esta rayuela de la vida –metáfora simplista pero oportuna-, empujando la piedrita con la esperanza de alcanzar la próxima casilla; esa piedra que es la licencia para abandonar la tierra y tocar el cielo, aunque sea por un ratico y con la punta del pie.

Joanna

martes, agosto 12, 2008

Los negritos de Agatha


A mi Agatha Christie me da por etapas. Esta última se vio favorecida por la colección que sacó El Nacional: se me hacía imposible no ceder ante los libros que me miraban desde todos los quioscos esperando a que los comprara. Y cuando compre uno, tuve que comprar los demás.
Aunque sus libros son adictivos, debo confesar que a veces Agatha Christie me resulta repetitiva. Es verdad que me atraen esos personajes flemáticos, impasibles y secos -muy ingleses todos ellos-; que me entretiene adivinar quien será el asesino y que caigo rendida ante la vanidad e inteligencia del detective belga Hércules Poirot, que resuelve todos los crímenes con su "orden y método". Pero ya después del séptimo libro, comienzas a sospechar que la escritora se aseguró el éxito con una fórmula que usa en todas las historias y que disfraza jugando con los diversos contextos en que las enmarca. Por eso, aunque igual sugiero leer los demás libros, recomiendo especialmente "Diez negritos" precisamente porque escapa de esa fórmula.
Un resumen: diez personas son atraídas a una isla privada por diferentes motivos. Una vez allí, se dan cuenta que su anfitrión en común tiene preparado para ellos un plan diferente al que originalmente les había planteado. Ese descubrimiento y los posteriores acontecimientos son salpicados cruelmente con los versos de una canción infantil, en la que se cuenta como un grupo de diez negritos se va reduciendo inevitablemente, ya sea porque unos se quedan en el camino o porque otros se mueren...
Lo curioso de esta historia: que no hay héroes ni villanos. Sólo un misterio que, obviamente, se revela hasta el final. Y les prometo que no decepciona.

Joanna

sábado, julio 26, 2008

Piedra de Mar


Ayer me reí mucho releyendo Piedra de mar. Muchísimo. Creo que las otra veces que la leí todavía me sentía demasiado identificada con Corcho como para poder burlarme de sus tragedias. En cambio ayer no pude evitar reírme de su mala suerte, de su mente imaginativa, de su particular humor negro y punzante. De su adolescencia.
Claro, además de la risa, sentí algo de nostalgia. Recordé que cuando leí Piedra de mar la primera vez, yo también era adolescente. En ese momento, sí sufría por todo lo que le pasaba a Corcho. Porque hacía el ridículo. Porque no sabía que hacer con el montón de futuro que tenía por delante. Porque tenía una hermosa piedra de mar en su poder –su propia juventud, su amor- y no podía dársela a quien él quería. Además, la primera vez que leí el libro fue porque me lo prestó un amigo que para mí era idéntico a Corcho y la confusión adolescente del protagonista de la historia era la de mi amigo. Entonces sufría por los dos.
Esta relectura del libro de Francisco Massiani me trajo recuerdos y risas. Recuerdos de mi adolescencia. De mi amigo, que para mí siempre será Corcho. De esas pequeñas tragedias cotidianas que también me desvelaban como a él. Las risas vinieron porque es imposible no sentirse demasiado joven leyendo este libro. Demasiado joven y demasiado feliz.

domingo, julio 13, 2008

La cabeza de la hidra

"La muerte de todos empieza a los veinte años"

La frase inquietante pertenece al libro, que es igual o peor de inquietante. No es posible leerlo y quedarse impasible ante su historia revelada y su trasfondo sugerido, que es sólo posible atrapar entre líneas. Es la historia de Félix Maldonado, un James Bond del subdesarrollo -según la visión de uno de los personajes- que debe aprender a diferenciar lo verdadero de lo falso, encontrar certezas en medio de las múltiples dudas y luchar contra su apasionado mundo interno para no cometer errores ni tropezar en el enrevesado camino que ha elegido.
El petróleo mexicano es una excusa para contar esta historia que refleja las angustias de un mundo dividido por la Guerra Fría. Félix Maldonado quiere cambiar ese mundo tal como está planteado. Primero, desde su posición de burócrata mediocre. Después, desde su rol de héroe incomprendido, triste y engañado. No quiere que su país, México, sea una ficha más de ese juego entre potencias. Pronto se da cuenta de que la misión que ha emprendido con alma de idealista choca contra las personas involucradas en ese enredijo político que se tiñe de múltiples matices -religiosos, económicos, amorosos- por lo que se termina convirtiendo en enemigo de todos y todo, incluida su propia causa.
A pesar de las diferencias entre los personajes, hay un factor común que los une y es la pasión vestida de diferentes nombres: ambición, amor, envidia, miedo, celos. La pasión es una hidra que renace y se multiplica con sólo cortarle una cabeza. Aunque parece imbatible, la hidra de las pasiones es manejada a su antojo por un aguila bicéfala. Una de las cabezas del águila se llama la CIA. La otra se llama la KGB. Sirviendo a los fines de una, se sirve a los fines de la otra y servirles es obligatorio. Todos los victimarios son a su vez víctimas, cómplices de su contrario, títeres.
"A veces es el pico del águila de Washington el que nos corta la cabeza y se la come; a veces es el pico del águila de Moscú. Pero las tripas de la bestia alada son las mismas y el conducto de evacuación el mismo. Somos las mierdas de ese monstruo". Este fragmento del libro resume muy bien porque la misión de Félix Maldonado es imposible. Es una bofetada al idealista. Es la afirmación del papel de individuos-instrumentos que todas las personas -exceptuando a unos cuantos, como Tito- tuvieron durante la Guerra Fría. Félix no es un héroe porque logra cambiar el mundo, sino porque no deja de intentarlo.
Este libro es mi primera recomendación por varias razones. La primera y más importante es porque gracias a él conocí a Carlos Fuentes. No en el sentido literal - ¡que más quisiera!- sino literario. Este autor es imprescindible no sólo porque pertenece al boom latinoamericano, sino también porque su forma de escribir obliga a ejercitar la mente. Fuentes nunca es evidente; para atrapar sus historias hay que, como dije al principio, aprender a leer entre líneas. Y para mí, ese reto siempre es bienvenido.
La segunda razón es que gracias a este libro, me interesé verdaderamente por la política. Tendría unos 16 años cuando lo leí la primera vez y hasta ese momento nunca había visto este tema desde una perspectiva tan profunda. Después, comencé a instruirme más al respecto y si bien no me considero una experta, creo que ya no soy una presa fácil de ningún águila, bicéfala o no.
La tercera es porque creo que este libro ha sido tratado injustamente. Es poco lo que se puede conseguir en Internet acerca de "La cabeza de la hidra", salvo que se hizo una película basada en el libro, que es una novela negra que poco o nada tiene que ver con el resto del trabajo realizado por Fuentes y que muchos críticos la consideran una obra menor. Yo no estoy de acuerdo. Aunque no alcanza la majestuosidad de "La muerte de Artemio Cruz" -también de Fuentes y tema de un próximo post-, este libro inquietante plantea, a través del personaje de Félix Maldonado, una visión latinoamericana de la Guerra Fría y juega muy bien con los elementos políticos, económicos, religiosos y dramáticos que plantea. Además tiene la cualidad de cambiar con el tiempo - lo he leído tres veces y siempre le encuentro nuevos detalles- y ésta, a mi modo de ver, es la característica que distingue a los buenos libros.
Aunque la frase con la que inicié este post no tiene mucho que ver con el resto del contenido, no pude dejar de mencionarla. Es increíble lo terriblemente aplastante que suena cuando se tienen veinte años o más. Para los que los tenemos es como obligatorio leer ésta y otras obras imprescindibles. Sería imperdonable morirse sin hacerlo.