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lunes, diciembre 14, 2009

Y llegó la nieve

Vancouver por fin se rindió ante el invierno.
Mis sospechas comenzaron hace menos de dos semanas, cuando la grama amaneció blanca. Los rayos de sol deshicieron esa prueba, pero no pudieron ocultar el frío intenso que comenzó sentirse hasta en el alma. El frío, frío se volvió helado y nos arropó la cara con un beso escarchado.
Hasta que el viernes, finalmente, comenzó a nevar. Una nievecita de nada, no duró ni hora y pasó medio desapercibida por todos, que veíamos en las noticias como otras ciudades de Canadá estaban siendo azotadas por tormentas de nieve y un frío inclemente. Es mejor ni quejarse: en comparación con otras ciudades, Vancouver está en verano.
Pero hoy finalmente nevó con todas las de la ley. Nevó por horas y el mundo se volvió blanco. Ya es invierno en Vancouver. Y aunque desconozco vivir una rutina en este universo congelado, prefiero mil veces esta Vancouver a la que lloraba intensamente unas semanas atrás.
La nieve -bien vendida por las películas estadounidenses- siempre ha estado en nuestro imaginario colectivo tropicalísimo. Tenemos imágenes de navidades blancas desde que somos niños, aunque nuestras navidades no tengan nada que ver con este frío y con este blanco. Es por eso que esta nevada, la primera de mi vida, me suena a algo conocido, me trae recuerdos de momentos inexistentes pero felices de mi niñez y me da la posibilidad de jugar nuevamente. Porque, díganme lo que me digan, en la nieve todos somos un poco niños otra vez.
Ya veremos cómo me va en la Vancouver de blanco inmaculado, en la ciudad que dejó de luchar para rendirse, hermosa, ante este esplendido invierno.

Joanna Ruiz Méndez

lunes, noviembre 30, 2009

Frío, frío

Las tazas de café son un must have cada día. También las de chocolate y té. Todo caliente por supuesto, ya no estamos en los soleados días de verano en que hasta la sopa se consigue frappé. Vancouver se ha convertido en una ciudad fría y depresiva que llora absolutamente todos los días.
Sin embargo, lo que más me pesa no es la lluvia: son los árboles. La Maga se preguntaba por qué los árboles se abrigan en verano y yo estoy comenzando a preguntarme, en cambio, porqué se desnudaron en este otoño friísimo que poco a poco se va transformando en invierno. Atrás quedaron los días de hojas naranjas, rojas, rosadas y amarillas que llenaron de color y nostalgia los primeros días de la estación.
Me parece lejana la visión de la ciudad cálida que me recibió 5 meses atrás. El verano, el sol y el calor me parecen sueños sacados de otro mundo y otra dimensión. Sin embargo, sé que en unos meses la ciudad volverá a iluminarse, los árboles volverán a vestirse, la gente volverá a acostarse en la arena y en la grama para recibir el bronceado de sus vidas. Y aunque yo no estaré aquí, tendré esa visión feliz en mi cabeza mientras yo misma me rindo a otro sol y otro verano, el eterno, que existe en mi país.

Joanna Ruiz Mendez

miércoles, octubre 14, 2009

Acento

- Que no es rrred: di ggrrred. Ruge como un león.
Al principio decidí que conservaría mi acento, ese que me identifica como venezolana, específicamente como caraqueña. Pero que va. Es una cosa rarísima ese mayyybe, hiiii, whyyy. Es el mismo que uso para decir chiiico, chaaaama, coooonchale. No pega. Me di cuenta rápido, afortunadamente, y es por eso que tomo esta clase de pronunciación: no quiero matar dos idiomas al mismo tiempo.
Pero cuesta tanto. Catorce sonidos para 6 vocales. I o iiii. Ouuu o o. Aaaaa o aa. Que sonrías. Abre más la boca. Ciérrala. Que ahora es una vocal larga. Es una i corta. ¿Te olvidaste de la entonación?
- Que no es rrred.
Le comenté a mi profesora que tengo problemas para decir Skytrain. Mejor dicho, creo que tengo problemas, porque yo juro que lo digo bien pero ningún canadiense me entiende. Es que tienes que decir Ssssskytrain. Voy a probar, aunque no esté perdida, voy a preguntar por ese Sssskytrain que está tan lejos de una ciudad llamada Caracas que no duerme nunca y guarda secretos horribles y recuerdos maravillosos. Y también secretos maravillosos y recuerdos horribles.
- Que no es rrred.
Al principio la lengua se estira, se enrolla, quiere encontrar acomodo en ese nuevo idioma, quiere reconocerse en ese movimiento tan diferente al de siempre: al de un baile caribeño en la boca, con música y fiesta incluida. Trata de rugir en esa nueva R que no entiende de rosas, romance y noches de ronda.
- Que no es rrrred. Se pronuncia ggrrr. Ruge. Como un león.

Joanna Ruiz Méndez

miércoles, septiembre 09, 2009

Este clima en Vancouver

Para los que estamos acostumbrados a los eternos veranos, los cambios de humor del clima en Vancouver resultan a veces un poco extravagantes. Un día el calor te seca hasta los pensamientos y rompe récords históricos: el verano tuvo los días más calientes que se habían registrado en más de treinta años. Pero otros días, ese mismo verano te regala días de un frío intenso que empieza congelándote la ropa y termina helándote los huesos y que te hace añorar el calor intenso que maldecías el día anterior.
En todo caso, Vancouver se las arregla para coquetear en cualquier clima. Cuando los días son soleados, absolutamente todo brilla: la grama, los árboles, la gente. Incluso los edificios, esos que son casi son todos de vidrio y le otorgaron a la ciudad el sobrenombre de “The City of glass”. Pero cuando el cielo está infinitamente gris, esa misma grama, esos mismos árboles, la misma gente y todos los edificios componen una hermosa nostalgia de pinos y nubes y olor de lluvia en el aire.
Sin embargo, por estos días se acerca el fin de la incertidumbre y comienza la certeza de la siguiente estación. Cada vez todo es menos verde, el paisaje se está pintando de marrón, rosa y amarillo y el frío ya no es pasajero sino constante. La naturaleza nos está avisando, sutilmente, que el otoño ya llegó.

Joanna Ruiz Méndez

domingo, agosto 30, 2009

Mis certezas en Vancouver

- Puedo conseguir Harina Pan
- El yogurt de la mañana
- La nostalgia de algunos días
- Canto más bonito
- Y bailo igual que siempre
- Extraño tomar malta
- No cambio la Solera azul
- El paladar es curioso
- Y la piel también
- Los silencios en otro idioma saben diferente
- Y también los secretos y los besos
- Me puedo partir de la risa
- Puedo escoger una historia y vivirla
- Y puedo repetir las mismas historia de siempre
- Pero con distintos personajes
- Tengo 5 centímetros más de sonrisa
- Es difícil explicar el control cambiario en inglés
- Y también en español
- Venezuela tiene un comida divina
- Y unas peluquerías baratísimas
- El silencio absoluto de algunas noches
- Sentirme afortunada, pase lo que pase

Joanna Ruiz Méndez

sábado, julio 11, 2009

Sobre Vancouver

No voy a hablar del viaje de Caracas hasta Vancouver porque no pasó mayor cosa. El viaje efectivamente se me hizo largo, pero fue totalmente normal y después de nueve horas y pico llegué a la que será mi nueva casa por un buen tiempo.
Vancouver es una ciudad de postal, de esas que siempre están esperando para que le tomen la foto. Es una ciudad que siempre está posando pues. Los árboles inmensos, las casitas lindas en hilera, los modernos edificios y lo civilizados de los canadienses –según Wikipedia, vancuveritas, pero me suena mejor canadienses- parecen sacados de una publicidad muy bien lograda. La gente es bastante amable con los extranjeros, quizás porque es una ciudad multicultural que recibe constantemente latinos, europeos, africanos y muchos, muchísimos, asiáticos.
Aunque me he montado en buses, mi medio de transporte cotidiano es el SkyTrain, que a diferencia del Metro caraqueño no se desplaza en el subterráneo sino superficialmente. Coincide con el Metro en la gran cantidad de gente que se monta todas las mañanas, en que siempre va como full. Y que a veces la gente joven ve a las personas mayores paradas y pasando trabajo para no caerse e igual se queda sentada.
Al principio no pensé que existieran mayores coincidencias entre una ciudad civilizada como Vancouver y una caótica como Caracas, pero existen. Además de la que conté del SkyTrain, otra coincidencia son la gran cantidad de vagabundos que hay, que aquí son llamados homeless. Están en todos lados y su vida es especialmente difícil si consideramos que no tienen absolutamente nada en una de las ciudades más caras del mundo. Además, en ambas ciudades comer en la calle es un lujo que uno puede permitirse de vez en cuando pero no todos los días, porque te arruina.
Estas son mis primeras impresiones, realmente todavía no conozco lo suficiente esta ciudad. Espero que en estos meses puedo hacerla un poco más mía, más venezolana, menos ajena de lo que es ahora. Ya veremos que tal me va.

Joanna Ruiz Méndez

jueves, junio 18, 2009

Preparativos

- Quiero llevármelo todo, padres, hermanos y amigos incluidos. Pero sólo me permiten unos tristes 23 kilos de equipaje. Les dije que comieran menos, pero no me hicieron caso. Ahora me tengo que ir sin ellos y eso que yo se los dije.
- No quiero abandonar los rituales de belleza allá, tengo que llevarme la coquetería a donde sea. Mi afán de exclusividad, de yo-no-soy-vanidosa-como-las-demás, quedó pisoteado ante mis primeras compras: productos para el cabello, cremas, maquillaje. Sí, soy vanidosa como las demás. Y ahora que lo admito puedo meter la plancha sin ningún sentimiento de culpa. Ella vuela conmigo.
- Estoy leyendo “La muerte en Venecia”, en donde también hay un viaje pero no a Vancouver sino a Venecia (obvio). Coincidencia uno: ambas ciudades empiezan con V. Coincidencia dos: no existe. Gustav Von Aschenbach tiene inquietudes espirituales y artísticas y a mi sólo me inquieta que el viaje en avión se me haga muy largo, que nadie entienda mi precario inglés y mi reserva de señas-gestos que tengo preparada, que me pierda en Vancouver como siempre me pierdo en Caracas. Él aspira a la posteridad y yo a la supervivencia. Punto.
- No es más que un hasta luego. Pero este hasta luego tiene olor a final de temporada. A cierre de ciclos, aunque me suene odioso ese término. A sabemos que esto no será lo mismo. Ya no es lo mismo. Nos estamos despidiendo de a poquito, pero esa es siempre la definición de la vida. Así que lo dejamos en que no es más que un breve adiós.
- Y un comienzo.
- Y varias grandes felicidades.
- Y una tristeza común, pero chiquita.

Joanna Ruiz Méndez